Cuando vimos que la vida de campus venía bien tranquila, dijimos 'acá tenemos que hacer algo'. Y en lugar de hacer algo justamente ahí, alquilamos un auto con Aitor, Diego y George y nos fuimos de paseo a las Highlands. El itinerario prearmado prometía muchos kilómetros de mapa, dos noches en distintos lugares y paisajes increíbles.
Salimos un sábado a la mañana y fuimos a buscar nuestro vehículo. Grande fue nuestra sorpresa cuando vimos que en lugar del Clio que habíamos reservado (el más barato en el que cabían cuatro adultos) nos esperaba una Zafira. Mejor, imposible. Nada de acomodar las cosas; desparramamos todo en los muchos metros cúbicos disponibles y encaramos la ruta con Inverness como destino final.
En el camino la lluvia nos dejó visitar Loch Lomond, Fort William y Loch Ness (no, no vimos a Nessie). Los paisajes increíbles se hacían realidad a cada kilómetro, y nuestro conductor (Diego) nos tuvo la suficiente paciencia como para detenerse cuando teníamos ganas de sacar fotos o simplemente mirar más de cerca las vacas peludas.
Llegamos finalmente a Inverness, hicimos una mini merienda-cena, y nos fuimos a recorrer. Lindo lugar, recalamos en un pub recomendado por gente del hostel en el que había música en vivo, con tres bandas a falta de una. Nos quedamos en el piso en el que estaba la banda de música más típica a divertirnos un rato. La vuelta fue más bien tempranera; al otro día había que levantarse temprano para hacer muchos kilómetros (aunque el odómetro del auto marcara millas).
Como Inverness estaba lindo pero no nos llamaba especialmente la atención para desayunar, tomamos un café bebido (de qué otro modo si no) y rumbeamos para Ullapool, bastante más al norte. La idea del día era subir hasta la punta de Escocia, y luego pasar a la isla de Skye. Nos enamoramos de Ullapool al instante. En primer lugar, porque es un pueblito pesquero de lo más pintoresco, con la calle principal hacia el bracito de mar sobre el que está situada, y en segundo (last but not least) porque gracias a la recomendación de la Lonely Planet, compañera fiel si las hay, llegamos a un bolichito en el que tomamos un desayuno de la hostia, cargado de calorías y colesterol. Además, ¡tenían tarros de dulce de leche San Ignacio!
La siguiente parada fue en las ruinas de un castillo más hacia el norte, Ardvreck Castle. Allí nos intrigó el misterio de la criatura devoradora de conejos a medias. El campo estaba sembrado de restos de cadáveres de conejo, y nos fuimos con las ganas de saber de qué bicho se trataba - pero no de cruzárnoslo...
En la ruta hacia el norte intentamos, infructuosamente, de atrapar unas ovejas. Imposible, estaban mucho más acostumbradas al frío y al terreno que nosotros.
Recalamos en Durness. Estábamos inesperadamente, en Escocia, en una playa de arena. George no pudo dominar su emoción, se quedó en calzones y se mandó al agua. Si yo digo que hacía frío, no sorprendo a nadie. Pero estaba en compañía de tres muchachos, y, salvo George y su desvarío, los demás tenían frío. Y no le importó nada, se mandó, y al darse cuenta que no eran precisamente las cálidas aguas de Venezuela las que lo recibían, salió más rápido de lo que entró, aunque contento por haberlo intentado. Aitor y Diego se mojaron los pies, yo me limité a tomar fotos y reírme un rato.
Nuestro destino nocturno era Portnalong, en la isla de Skye, más precisamente, el Skyewalker Hostel. Cruzamos a la isla convencidos de que en poco tiempo llegaríamos al hostel, pero el mapa indicaba que había que atravesar bastante, y que estaba en la otra punta. Glup. Muchos kilómetros de noche después, llegamos a nuestro hostel. Lisa y Brian nos recibieron increíblemente, en el que creo que no sólo es el mejor hostel en el que he estado (por ambiente, buena onda y calidez) sino el que quiero tener en algún momento de mi vida. Comimos, nos pusimos a jugar al bowling y al tenis en la Wii con Brian, y le festejamos el cumple a Jorgito con un delicioso single malt.
A la mañana siguiente, con nosotros tristes por tener que dejar ese lugar tan bonito, Lisa salió corriendo en bata a alcanzarnos hasta el auto una postal de Portnalong, para que vierámos cómo era con sol, pues no habíamos podido disfrutarlo mucho.
El desayuno fue en Dunvegan, y a falta de Lonely Planet, recalamos en una pequeña panadería que nos mimó con otro desayuno-almuerzo a la escocesa para cargar pilas. Salimos de Dunvegan con la panza llena y el corazón contento para dar la vuelta a la isla. Recomendación de Lisa y Brian: Kilt Rock. Hasta ahí llegamos, y resistiendo el viento que luchaba por tirarnos al suelo, disfrutamos la cascada, y las marcas en la piedra que le daban nombre. Juro que el viento era catastrófico. No tengo idea de cuánto puede pesar una Zafira, pero durante una de las ráfagas se movió de lado y, sinceramente, pensé que nos quedábamos sin vehículo.
Paramos luego en Portree para proveernos de vituallas, y emprendimos el regreso. Tomamos una ruta diferente para seguir sorprendiéndonos con los paisajes escoceses, y al dejar el autito y caer en la cuenta de las casi mil millas (1600 kilómetros aprox.) que habíamos recorrido, nos dieron ganas de seguir. Quedará para otra oportunidad.
jueves, 3 de abril de 2008
martes, 11 de marzo de 2008
Desde Edimburgo...
Ahora que ya me volví, les voy a contar algunas cositas sobre este lugar tan bonito en el que pasé poco más de dos meses y del que no me quería ir... snif...
Además de estar lleno de escoceses, tartans y whisky, es un lugar particularmente mágico, tanto, que hasta hace olvidar el clima con sobredosis de viento y agua. Ese exceso de agua, justamente, por el que todos puteamos un poco pero que, después de todo, es el responsable de los maravillosos verdes que podemos ver por toda Escocia.
Estos dos meses y medio estuve viviendo en el campus de la Heriot Watt, no tan cerca del centro de Edimburgo pero sí muy cómodo para todo lo que tuviera que ver con cuestiones académicas. En cuanto a lo que sí aproveché, he de mencionar el sports centre (aunque no fuera seguido, jejejeje). El campus, precioso, lleno de verde y con muchos espacios abiertos, aunque lamentablemente no me hiciera tiempo más seguido para recorrerlo. Hay un lago muy bonito lleno de patos y cisnes (que tienen localizadores en las patas, por si acaso a algún estudiante rata se le ocurre cazar uno para engullirlo) y por tierra firme bastantes conejos y liebres (sin localizadores a la vista, pero bueno, corren más rápido que los estudiantes más entrenados).
La ciudad es divina, llena de edificios misteriosos que cuentan historias y con paisajes atrapantes, urbanos y no tanto. Ahora que pienso, no tomé tantas fotos como hubiera querido, seguramente porque estando allí siempre pensaba en la siguiente oportunidad para recorrer.
En estos momentos no estoy muy inspirada como para escribir, así que les dejo algunas fotos que expresan mejor la magia de Edimburgo.
Campus nevado, al segundo día de llegar
Tumba en uno de los cementerios de Edimburgo, con la calavera indicando que quien ahí yacía había muerto por la peste
Vista de la ciudad desde Arthur's Seat
Un oasis en el medio del bosque, en el campus
Extrañas formaciones anti viento, para sentarse a descansar
E incluso, un banco para monos (Hernán, no me podés negar que es todo un hallazgo)
Además de estar lleno de escoceses, tartans y whisky, es un lugar particularmente mágico, tanto, que hasta hace olvidar el clima con sobredosis de viento y agua. Ese exceso de agua, justamente, por el que todos puteamos un poco pero que, después de todo, es el responsable de los maravillosos verdes que podemos ver por toda Escocia.
Estos dos meses y medio estuve viviendo en el campus de la Heriot Watt, no tan cerca del centro de Edimburgo pero sí muy cómodo para todo lo que tuviera que ver con cuestiones académicas. En cuanto a lo que sí aproveché, he de mencionar el sports centre (aunque no fuera seguido, jejejeje). El campus, precioso, lleno de verde y con muchos espacios abiertos, aunque lamentablemente no me hiciera tiempo más seguido para recorrerlo. Hay un lago muy bonito lleno de patos y cisnes (que tienen localizadores en las patas, por si acaso a algún estudiante rata se le ocurre cazar uno para engullirlo) y por tierra firme bastantes conejos y liebres (sin localizadores a la vista, pero bueno, corren más rápido que los estudiantes más entrenados).
La ciudad es divina, llena de edificios misteriosos que cuentan historias y con paisajes atrapantes, urbanos y no tanto. Ahora que pienso, no tomé tantas fotos como hubiera querido, seguramente porque estando allí siempre pensaba en la siguiente oportunidad para recorrer.
En estos momentos no estoy muy inspirada como para escribir, así que les dejo algunas fotos que expresan mejor la magia de Edimburgo.
viernes, 22 de febrero de 2008
London Calling
Superando duramente la fiaca imperante (debido al clima, quiero suponer) me he decidido, como cada tanto, a actualizar una vez más el belog. Aunque lo de actualizar sea casi tan irónico como el decirnos esta mañana 'buenos días' cuando lo que nos despertó fue la alarma de incendios... pero bueno, es lo que hay.
En lo que viene a continuación de mi itinerario vacacionero, estuve poco más de una semana en Londres, año nuevo incluido. Tenía ganas de conocer esta ciudad desde que tengo memoria, y sinceramente he de decir que no me decepcionó en lo más mínimo. Es la ciudad más impresionante que conozco, y definitivamente una de aquellas en las que viviría.
Paso a contarles, sucintamente, qué anduvimos haciendo por allí con Pablo Nuclear.
El vuelo desde París duró bastante menos de lo esperado, circunstancia que fue ampliamente compensada por el tiempo de espera para hacer migraciones. Micrito de por medio, nos trasladamos desde Luton hacia Victoria Station, muy cerca de donde estaba el hostel donde nos hospedaríamos. Exactamente estábamos en el barrio de Pimlico, un lugar de lo más chachi, con una tasa de cuatro Porsche por cuadra, aprox. El hostel, diez puntos, gente macanuda por todas partes y súper cómodo.
Hice todas (o casi) las vistas típicas: Buckingham Palace, Houses of Parliament, Tower of London, Big Ben, Hyde Park (persiguiendo ardillas que se negaban sistemáticamente a ser fotografiadas por mí), Trafalgar Square, Science Museum, London Eye, British Museum, National Gallery, Tower Bridge, Camden Town, y muchos etcéteras... Entre ellos, pasar Nochevieja en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, con un espectáculo de fuegos artificiales sencillamente impresionante y una multitud en las calles que, con alcohol y todo, sólo se dedicaba a disfrutar de esa noche mágica (no, no voy a cantar la canción del mundial '90, me hace mal...).
Contarles qué es lo más lindo de Londres es o muy complicado, o muy sencillo. Lo más lindo de Londres es Londres, así de grande, variada, acogedora, magnética, cortés, inglesa, con todos esos íconos inconfundibles, los double-decker (por suerte quedan algunos de los originales dando vueltas), el tube y su 'mind the gap', los perros educadísimos, los bobbies (aunque algunos ahora usen armas), el please y el thank you omnipresentes...
Me traje muchísimos buenos recuerdos, y muchísimas curiosidades, a ser satisfechas prontamente con nuevas idas a esta ciudad, tan ciudad, que no podía dejar de atraparme.
Y a lo mío (o más o menos): las potos para que vean...
En lo que viene a continuación de mi itinerario vacacionero, estuve poco más de una semana en Londres, año nuevo incluido. Tenía ganas de conocer esta ciudad desde que tengo memoria, y sinceramente he de decir que no me decepcionó en lo más mínimo. Es la ciudad más impresionante que conozco, y definitivamente una de aquellas en las que viviría.
Paso a contarles, sucintamente, qué anduvimos haciendo por allí con Pablo Nuclear.
El vuelo desde París duró bastante menos de lo esperado, circunstancia que fue ampliamente compensada por el tiempo de espera para hacer migraciones. Micrito de por medio, nos trasladamos desde Luton hacia Victoria Station, muy cerca de donde estaba el hostel donde nos hospedaríamos. Exactamente estábamos en el barrio de Pimlico, un lugar de lo más chachi, con una tasa de cuatro Porsche por cuadra, aprox. El hostel, diez puntos, gente macanuda por todas partes y súper cómodo.
Hice todas (o casi) las vistas típicas: Buckingham Palace, Houses of Parliament, Tower of London, Big Ben, Hyde Park (persiguiendo ardillas que se negaban sistemáticamente a ser fotografiadas por mí), Trafalgar Square, Science Museum, London Eye, British Museum, National Gallery, Tower Bridge, Camden Town, y muchos etcéteras... Entre ellos, pasar Nochevieja en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, con un espectáculo de fuegos artificiales sencillamente impresionante y una multitud en las calles que, con alcohol y todo, sólo se dedicaba a disfrutar de esa noche mágica (no, no voy a cantar la canción del mundial '90, me hace mal...).
Contarles qué es lo más lindo de Londres es o muy complicado, o muy sencillo. Lo más lindo de Londres es Londres, así de grande, variada, acogedora, magnética, cortés, inglesa, con todos esos íconos inconfundibles, los double-decker (por suerte quedan algunos de los originales dando vueltas), el tube y su 'mind the gap', los perros educadísimos, los bobbies (aunque algunos ahora usen armas), el please y el thank you omnipresentes...
Me traje muchísimos buenos recuerdos, y muchísimas curiosidades, a ser satisfechas prontamente con nuevas idas a esta ciudad, tan ciudad, que no podía dejar de atraparme.
Y a lo mío (o más o menos): las potos para que vean...
domingo, 13 de enero de 2008
De vacaciones, parte uno
Ya recuperada por haber vacacionado por Europa, y de vuelta al master y, por ende, a las clases (ya les daré más detalles en próximas entradas), les quiero contar alguito de lo que anduve haciendo porái.
Primer destino: París. Este itinerario lo había armado en septiembre, ni bien me hube familiarizado con las bondades (y no tanto) de las compañías low-cost, y en tren de aprovechar la parte buena, compaginé mis vacaciones de invierno lo más económicamente optimizado que pude, jejejejeje, desventuras del estudiante rata in Iurop.
Llegué a París, más precisamente al Aeropuerto Charles de Gaulle, el 21 por la tarde. Tuvimos una interesante demora en Barajas porque uno de los pasajeros no aparecía, ergo, el equipaje del susodicho debía ser bajado, la lista de pasajeros controlada por triplicado, y etcéteras varios, delicias del esquema paranoide al que nos obliga la madre patria (no aquella a la que viajé, sino la otra, la de bandera más fea). Desde allí me fui vía tren (y cargando mi mochila con 14,5 Kg de boludeces y mi otra mochila con electrónicos varios) hasta la ville de Paris propiamente dicha. Encontré el hostel y como ya era tarde, no me quedó mucho más tiempo (ni ganas) que para irme a la camita y descansar, que al otro día tenía que empezar a turistear...
No les voy a contar lo lindo que es París, en una ciudad fantástica y muy recorrible a pie; también la recorrí en bici, con el sistema de alquiler-préstamo público que tienen, y en métro, como corresponde. Punto saliente: festejé Navidad brindando (con Pommery, obviamente, los lujos hay que dárselos en vida) bajo la Torre Eiffel con un grupo de chicos del hostel (éramos cuatro argentinos, un mexicano y un colombiano). Obviamente visité la torre, pero otro día, cuando la niebla hacía totalmente inútil subir hasta el tercer piso, pero como soy la Condesa Testa de Granito tenía que subir. Anduve también por Versailles, por el Louvre, paseé por las orillas del Sena, por los jardines de Tuileries, fui al Museo Picasso, a Notre-Dame, al Museé d'Orsay, visité la tumba de Oscar Wilde, el Arc du Triomphe, todos lugares maravillosos, que se merecen una nueva visita (que espero sea pronto).
En el Louvre, impresionante la cantidad de personas agolpada frente a la Gioconda, sin poder (ni querer, en realidad) ver un carajo la pintura, sólo preocupadas por sacarle la foto que mostrar a amigos y parientes. En un momento dado, me di vuelta para ver a la gente, y de las por lo menos 40 personas que había, no conté una sola que estuviera mirando realmente el cuadro.
El Museé d'Orsay es fantástico, un catálogo completo de impresionismo con lo mejor de todos los maestros, y para sumar aún un poroto más, un modelo de la Opera de París a escala y otro del barrio en el que está ubicada.
En la tumba de Oscar Wilde, que está en el cementerio de Père Lachaise, es muy divertido ver las declaraciones que la gente se vio impelida a hacer, olvidando que el tipo (o lo que quede de él) que está ahí abajo, también escribía, pero algo mejor que sus admiradores. Calculo que durante un tiempo se habrá revolcado allí mismo, y luego debe haber decidido cagarse de la risa. Comentario aparte merece mi cuasi no-salida del cementerio, que visité cerca del horario de cierre, y al que no encontraba salida cuando ya estaba anocheciendo. ¡Buuuuuu!
Dejo fotingas para que vean y me comenten...
Primer destino: París. Este itinerario lo había armado en septiembre, ni bien me hube familiarizado con las bondades (y no tanto) de las compañías low-cost, y en tren de aprovechar la parte buena, compaginé mis vacaciones de invierno lo más económicamente optimizado que pude, jejejejeje, desventuras del estudiante rata in Iurop.
Llegué a París, más precisamente al Aeropuerto Charles de Gaulle, el 21 por la tarde. Tuvimos una interesante demora en Barajas porque uno de los pasajeros no aparecía, ergo, el equipaje del susodicho debía ser bajado, la lista de pasajeros controlada por triplicado, y etcéteras varios, delicias del esquema paranoide al que nos obliga la madre patria (no aquella a la que viajé, sino la otra, la de bandera más fea). Desde allí me fui vía tren (y cargando mi mochila con 14,5 Kg de boludeces y mi otra mochila con electrónicos varios) hasta la ville de Paris propiamente dicha. Encontré el hostel y como ya era tarde, no me quedó mucho más tiempo (ni ganas) que para irme a la camita y descansar, que al otro día tenía que empezar a turistear...
No les voy a contar lo lindo que es París, en una ciudad fantástica y muy recorrible a pie; también la recorrí en bici, con el sistema de alquiler-préstamo público que tienen, y en métro, como corresponde. Punto saliente: festejé Navidad brindando (con Pommery, obviamente, los lujos hay que dárselos en vida) bajo la Torre Eiffel con un grupo de chicos del hostel (éramos cuatro argentinos, un mexicano y un colombiano). Obviamente visité la torre, pero otro día, cuando la niebla hacía totalmente inútil subir hasta el tercer piso, pero como soy la Condesa Testa de Granito tenía que subir. Anduve también por Versailles, por el Louvre, paseé por las orillas del Sena, por los jardines de Tuileries, fui al Museo Picasso, a Notre-Dame, al Museé d'Orsay, visité la tumba de Oscar Wilde, el Arc du Triomphe, todos lugares maravillosos, que se merecen una nueva visita (que espero sea pronto).
En el Louvre, impresionante la cantidad de personas agolpada frente a la Gioconda, sin poder (ni querer, en realidad) ver un carajo la pintura, sólo preocupadas por sacarle la foto que mostrar a amigos y parientes. En un momento dado, me di vuelta para ver a la gente, y de las por lo menos 40 personas que había, no conté una sola que estuviera mirando realmente el cuadro.
El Museé d'Orsay es fantástico, un catálogo completo de impresionismo con lo mejor de todos los maestros, y para sumar aún un poroto más, un modelo de la Opera de París a escala y otro del barrio en el que está ubicada.
En la tumba de Oscar Wilde, que está en el cementerio de Père Lachaise, es muy divertido ver las declaraciones que la gente se vio impelida a hacer, olvidando que el tipo (o lo que quede de él) que está ahí abajo, también escribía, pero algo mejor que sus admiradores. Calculo que durante un tiempo se habrá revolcado allí mismo, y luego debe haber decidido cagarse de la risa. Comentario aparte merece mi cuasi no-salida del cementerio, que visité cerca del horario de cierre, y al que no encontraba salida cuando ya estaba anocheciendo. ¡Buuuuuu!
Dejo fotingas para que vean y me comenten...
domingo, 30 de diciembre de 2007
Chanchos en Segovia
Continuando con la dura vida, después de Asturias y de comer como un cerdo, caí en la cuenta de que no había ido a probar el ídem del que tanto me habían hablado que sirven en Segovia. Entonces aproveché ese domingo que venía con pinta de medio al pedo para hacer el mini viaje.
Llegué poco después del mediodía, y aunque había comido gominolas (en argentino, léase 'gomitas') durante todo el viaje, tenía hambre, pero hambre 'de comer chanchito'. Fuimos a un lugar que queda bastante cerca del acueducto y tenía un menú como para no quedarte con hambre. Primeramente, unos entremeses deliciosos (morcillita, salamitos, etc.). Luego un cocido potente-potente, con unas habas gigantescas y pedacitos de chorizo. Como principal, el famoso cochinillo, del que me tocaron las costillas, y estaba tan tiernito que se podía cortar sólo de mirarlo. Encima después hubo postre! Sinceramente, no me acuerdo qué fue lo que tomé de postre, pero no debe haber estado nada mal.
Una vez comidos, fuimos hasta el Acueducto. Esta construcción (que, vamos a decirlo por orgullo profesional, es la obra de ingeniería civil romana más importante de toda España) tiene más de 1900 años, lo que provoca que verlo y tocarlo se transforme en algo impresionante, una conexión con un pasado lejanísimo.
También visitamos el Alcázar de Segovia, un castillo muy bonito con muchas salas exponiendo elementos medievales y la evolución del Colegio de Artillería.
Como siempre, les dejo fotitos para que vean.
Llegué poco después del mediodía, y aunque había comido gominolas (en argentino, léase 'gomitas') durante todo el viaje, tenía hambre, pero hambre 'de comer chanchito'. Fuimos a un lugar que queda bastante cerca del acueducto y tenía un menú como para no quedarte con hambre. Primeramente, unos entremeses deliciosos (morcillita, salamitos, etc.). Luego un cocido potente-potente, con unas habas gigantescas y pedacitos de chorizo. Como principal, el famoso cochinillo, del que me tocaron las costillas, y estaba tan tiernito que se podía cortar sólo de mirarlo. Encima después hubo postre! Sinceramente, no me acuerdo qué fue lo que tomé de postre, pero no debe haber estado nada mal.
Una vez comidos, fuimos hasta el Acueducto. Esta construcción (que, vamos a decirlo por orgullo profesional, es la obra de ingeniería civil romana más importante de toda España) tiene más de 1900 años, lo que provoca que verlo y tocarlo se transforme en algo impresionante, una conexión con un pasado lejanísimo.
También visitamos el Alcázar de Segovia, un castillo muy bonito con muchas salas exponiendo elementos medievales y la evolución del Colegio de Artillería.
martes, 25 de diciembre de 2007
Casi un mes después...
Hola, estimados. Anduve viajando un poco, antes y después de terminar la primera parte del master. Comenzando por el principio, estuve en Asturias. Qué lugar más bonito.
Allí encontré, como curiosidad, la parrilla Buenos Aires, y un boliche que vendía no sólo alfajores Havanna sino dulce de leche ídem, Havannets, bocaditos Cabsha, Tita, Rhodesia, Marroc, bizcochitos Don Satur, y varios tipos de yerba (aunque esto no es tan novedoso). Despunté el vicio con alfajores y unos Havannets... qué gloria...
Volviendo a Asturias en sí, fue un puente paisajístico y gastronómico, qué más se puede pedir. Bueno, sí, más cosas, pero no es el momento ni el lugar para detallarlas.
Estuve visitando construcciones pre románicas (esto es, en buen romance, del año en que los pedos se tiraban con honda), pueblitos costeros totalmente cautivadores, lagos que me hicieron recordar la Patagonia, montañas imponentes, y un mar permanentemente encrespado, con esa energía contagiosa.
En cuanto a lo gastronómico, comí de todo, y todo de lo más sabroso. No pienso detallarlo porque se acerca la hora de comer y me va a entrar un hambre atroz... Punto (sobre)saliente: una mariscada en Cudillero, vamos, no lo puedo suavizar, ¡estaba de puta madre!
Les dejo algunas fotingas.
Allí encontré, como curiosidad, la parrilla Buenos Aires, y un boliche que vendía no sólo alfajores Havanna sino dulce de leche ídem, Havannets, bocaditos Cabsha, Tita, Rhodesia, Marroc, bizcochitos Don Satur, y varios tipos de yerba (aunque esto no es tan novedoso). Despunté el vicio con alfajores y unos Havannets... qué gloria...
Volviendo a Asturias en sí, fue un puente paisajístico y gastronómico, qué más se puede pedir. Bueno, sí, más cosas, pero no es el momento ni el lugar para detallarlas.
Estuve visitando construcciones pre románicas (esto es, en buen romance, del año en que los pedos se tiraban con honda), pueblitos costeros totalmente cautivadores, lagos que me hicieron recordar la Patagonia, montañas imponentes, y un mar permanentemente encrespado, con esa energía contagiosa.
En cuanto a lo gastronómico, comí de todo, y todo de lo más sabroso. No pienso detallarlo porque se acerca la hora de comer y me va a entrar un hambre atroz... Punto (sobre)saliente: una mariscada en Cudillero, vamos, no lo puedo suavizar, ¡estaba de puta madre!
Les dejo algunas fotingas.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Poniéndonos al día, parte VI
En vista de lo que parí actualizando todo junto, me parece que debería servirme de lección para el futuro.
Como tuvimos puente cumple puente, evidentemente ahora faltaba otro cumple, y se vino el mío. Como regalo, un examen de Reservoir Engineering más largo que esperanza de pobre. Bueno, hubo otros mucho mejores, como el de las chicas, o los mails que recibí...
Revisando, veo que como siempre no aparezco en la mayor parte de las fotos, así que pongo lo que hay. Fuimos como corresponde al bar de Jose, y allí nos quedamos hasta el cierre, con confeti y chupitos incluidos.
Como tuvimos puente cumple puente, evidentemente ahora faltaba otro cumple, y se vino el mío. Como regalo, un examen de Reservoir Engineering más largo que esperanza de pobre. Bueno, hubo otros mucho mejores, como el de las chicas, o los mails que recibí...
Revisando, veo que como siempre no aparezco en la mayor parte de las fotos, así que pongo lo que hay. Fuimos como corresponde al bar de Jose, y allí nos quedamos hasta el cierre, con confeti y chupitos incluidos.
Poniéndonos al día, parte V
Coño, no voy a terminar más... Bueno, al menos falta poco.
Pasado el cumple de Lau teníamos puente otra vez. Con algo más de previsión que la vez anterior decidí ir con el grupete general a Granada, como para seguir en la sintonía de arquitectura morisca.
Esta vez había un día menos, pero llegamos el viernes bien temprano, fuimos a retirar las entradas a la Alhambra, hicimos check in en el hostel (atendidos por un francés muy colgado que pasaba de todo) y me fui a hacer un noni, dado que en el bondi no había podido dormir casi nada por culpa de una mesa ruidosa. Por la tarde, luego de comer fuimos para la Alhambra, otro sitio maravilloso, en particular los Palacios Nazaríes. Tomé muchísimas fotos y no los voy a aburrir con eso.
También recorrimos Granada a pata, disfrutamos las abundantes tapas que sirven en todos los bares, tomamos tés raros y sabrosos, fumamos en un narguile (¡y me compré uno!) y, el broche de oro: baños turcos y masaje el último día, horas antes de subir al bondi para regresar a Madrid.
Pasado el cumple de Lau teníamos puente otra vez. Con algo más de previsión que la vez anterior decidí ir con el grupete general a Granada, como para seguir en la sintonía de arquitectura morisca.
Esta vez había un día menos, pero llegamos el viernes bien temprano, fuimos a retirar las entradas a la Alhambra, hicimos check in en el hostel (atendidos por un francés muy colgado que pasaba de todo) y me fui a hacer un noni, dado que en el bondi no había podido dormir casi nada por culpa de una mesa ruidosa. Por la tarde, luego de comer fuimos para la Alhambra, otro sitio maravilloso, en particular los Palacios Nazaríes. Tomé muchísimas fotos y no los voy a aburrir con eso.
También recorrimos Granada a pata, disfrutamos las abundantes tapas que sirven en todos los bares, tomamos tés raros y sabrosos, fumamos en un narguile (¡y me compré uno!) y, el broche de oro: baños turcos y masaje el último día, horas antes de subir al bondi para regresar a Madrid.
Parte del grupete en el Generalife
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Poniéndonos al día, parte IV
Regresamos todos del puente, desde lugares varios, y se vino el cumple de Lau. Con un festejo un tanto extemporáneo, pues caía a mitad de semana, luego había examen y a continuación finde largo de nuevo, así que hubo que acomodarlo como se pudo, la noche del martes. Que legalmente todavía no era el cumpleaños de la susodicha, pero con tantos cambios de horario bien podíamos considerar el huso de, por ejemplo, Paquistán.
En virtud de la amabilidad ampliamente demostrada por los vecinos de Móstoles decidimos hacer pie en el bar de los grifos, a.k.a. 'Lo de Jose'. Allí nos divertimos en grande, Lau fue saludada por perfectos desconocidos habitantes de otras mesas, el ISE copó la parada en la sala de grifos, y Jose dijo presente con el confeti y los chupitos.
Más luego, un grupo más selecto (¿?) rumbeó hacia Estoril II, a degustar sidra traída especialmente desde Asturias y escanciada por Diego. No pienso hacer cálculos acerca de las cantidades efectivamente bebidas y las echadas por tierra.
En virtud de la amabilidad ampliamente demostrada por los vecinos de Móstoles decidimos hacer pie en el bar de los grifos, a.k.a. 'Lo de Jose'. Allí nos divertimos en grande, Lau fue saludada por perfectos desconocidos habitantes de otras mesas, el ISE copó la parada en la sala de grifos, y Jose dijo presente con el confeti y los chupitos.
Más luego, un grupo más selecto (¿?) rumbeó hacia Estoril II, a degustar sidra traída especialmente desde Asturias y escanciada por Diego. No pienso hacer cálculos acerca de las cantidades efectivamente bebidas y las echadas por tierra.
Poniéndonos al día, parte III
Quien fue a Sevilla, perdió su silla... quien fue y volvió, de una oreja lo sacó. No recuerdo (o probablemente jamás supe) el origen de esa frase, pero si realmente les interesa, les recomiendo Wikipedia, no este blog pedorro. Acá hay otra clase de boludeces.
Bueno, entonces, recapitulando, luego del viaje de campo y la fiesta de disfraces se vino el puente de Todos los Santos (o los muertos, o como sea. El punto es que hubo finde largo de cuatro días). El resto de los chicos se fue a Barcelona, y yo, como me olvidé de reservar a tiempo y dejé todo para último momento, me encontré un lunes por la noche decidiendo adónde iba a viajar el jueves siguiente. Así que emprendí camino a Sevilla.
No es novedad que se trata de una ciudad bellísima, ideal para recorrer a pie anque en bici (tienen ese sistema estilo francés de bicis aparcadas a lo largo de la ciudad que podés tomar y dejar en cualquier otro punto) y, desde hace poquito, también en tranvía. Puntos imperdibles: el Alcázar (de tanto escuchar guiris, me sale alcazar... esto es: Al Kassar! Brrrr...), la Giralda y la Bodega Santa Cruz.
Bueno, entonces, recapitulando, luego del viaje de campo y la fiesta de disfraces se vino el puente de Todos los Santos (o los muertos, o como sea. El punto es que hubo finde largo de cuatro días). El resto de los chicos se fue a Barcelona, y yo, como me olvidé de reservar a tiempo y dejé todo para último momento, me encontré un lunes por la noche decidiendo adónde iba a viajar el jueves siguiente. Así que emprendí camino a Sevilla.
No es novedad que se trata de una ciudad bellísima, ideal para recorrer a pie anque en bici (tienen ese sistema estilo francés de bicis aparcadas a lo largo de la ciudad que podés tomar y dejar en cualquier otro punto) y, desde hace poquito, también en tranvía. Puntos imperdibles: el Alcázar (de tanto escuchar guiris, me sale alcazar... esto es: Al Kassar! Brrrr...), la Giralda y la Bodega Santa Cruz.
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