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lunes, 10 de marzo de 2014

Frases célebres

Desde hace más tiempo del que recuerdo siempre llevo conmigo una libreta, o algo que se le parezca, para, en caso de necesidad, poder apuntar ahí lo que se me pase por la cabeza. Muchas veces también robo impunemente cosas que se le pasan a otra gente por la cabeza, aunque en la mayoría de los casos les aviso de ello, con alguna frase del estilo '¡eso va directo a mi libreta!'.

Lo más habitual, y que he venido haciendo desde el secundario, ha sido compilar ahí frases célebres de anónimos conocidos, sin un sentido aparente, pero dignas de ser preservadas para la posteridad (¿?). Cada tanto algún amigo me recuerda que todavía no hice la prometida publicación en el blog de la cantidad de estupideces guardadas, y mis evasivas son de lo más variopintas. Hoy, porque estoy en una etapa de expresividad digna de ser aprovechada, sale la primera tanda de ellas.

No hay autores identificados, sepan disculpar, pero debo proteger a mis fuentes.

- No me puedo ir con una baguette en la mano, yo soy una persona respetada en el barrio.

- Gabi es una mina que se casó el día de su casamiento.

- El otro día casi me caigo por pajera.

- Me peleo con mi madre y con mi abuela para que me den abrazos.
- Yo no me metería con un tipo que en caso de emergencia usa sus calcetines.
- Mi postre es el tabaco.
- You need to be crazy to solve complex problems.
- La única manera de no tener responsabilidades es tener un montón de responsabilidades.
- Yo hago mi horario, se puede hundir el mundo... bueno, si viene alguien con la cabeza debajo del brazo hablamos.
- I'm the designated drinker for [the next] two weeks.
- Te da con el látigo de su desprecio.
- Sabe que la permeabilidad te pone loco.
- We are over 13 hours of flight and it's about time we reunited with Mother Earth.
- Le metí un gol semántico.
- We are an anomaly in the building.
- Y yo pensaba '¡qué pijazo este chabón!'.
- Only three families at the hotel and you had big quilombo.
- Hace unos años las cucarachas tenían el tamaño de ratas. Ahora las ratas llevan burka y AK-47.
- Remember 2nd grade class is nut-free.
- Me lavé las manos pero toqué una vaca.
- Quiero aviones que aterricen aunque les estén disparando.
- Cuando me dejo lo del medio me siento Hitler.
- Hay una foto tuya genial en la que parece que te estuviera dando por culo.
- El té verde es todo verde.
- If you're thinking about popping out kids, this is the best country to do so.
- Me están pidiendo que robe porque no tiene pito.
- Politeness stops at 21:00.
- Te lo voy a devolver en una bolsa, yo te aviso.
- Hay carnes picadas y carnes picadas...
- Le tuvieron que sacar el hígado. Pero por suerte tenía el otro.
- In a parallel universe I might be likable.
- Irania está al lado de Iraquia.
- Yo pensaba lo mismo hasta que conocí a un polaco.

domingo, 9 de marzo de 2014

Catarsis

Y después de eso no escribí - publiqué, mejor dicho - nada más. Se me ocurrió una variedad de buenas excusas, ninguna en realidad aceptable. Eructos había sido abandonado una vez más, pobre. Y como el leit motiv en su momento habían sido los viajes surge como inevitable retomarlo luego de un par de semanas de locura aeronática. Otra excusa, porque en el interin estuve generando millas a tutiplén y mis elucubraciones jamás llegaron hasta aquí.

Debo reconocerlo, me está costando. Pensé que sería más fácil, tantas veces en este tiempo en situaciones que ameritaban el recuerdo vía relato o imaginando frases que hubieran quedado bien juntas. Evidentemente la falta de temática no me molesta en absoluto si pude ingeniármelas hasta ahora para escupir dos párrafos sin decir algo en particular.

Fiaca total. El famoso 'tirarse a muerto' de Arlt. Esa es la justificación real de mi desaparición escrituril de este año. Porque cosas pasaron, historias surgieron, y la vida continuó, sólo que no me molesté en plasmarla por escrito.

Hubo un día, hace ya bastante tiempo, en que finalmente procesé lo que pasaba allá, en el otro lugar. Hay días que son para olvidar. Sin embargo, otros son tan malos que parecen dar la vuelta y se tornan memorables. Ese día fue de estos últimos.

Durante una comida una evocación de etapas pasadas, metas conseguidas y caminos elegidos disparó un ataque de caspa que no por muy habitual en una mal llevada como yo dejó de sorprenderme. Quizás ése haya sido el primer paso, o el segundo. Con las causas identificadas y, en cierto modo, resolubles, evitables y eliminables, la teoría dictaba que nasa podía impedir actuar contra ellas.

Quizás lo que me faltaba era eso, escucharlo de mi propia boca, con bronca, resuelta, con los huevos al plato ante una situación que, no me voy a engañar, sólo dependía de mí cambiar. He de decir que, en efecto, fue movilizador, aunque también hubiera dolor y angustia al no ser fácil admitir que algunas decisiones no salieron como uno esperaba, que quizás algún camino no había sido el adecuado, o que mucho tiempo después se termina añorando aquello que en su momento había sido la primera opción. Lo que tocaba en ese momento era, definido el objetivo, ver cuál era el camino a seguir.


Como decía antes, la vida continuó, y tanto, que ni siquiera me senté a procesar el cambio radical de los últimos meses y lo mucho que tenía que ver con esa especie de declaración de intenciones interna después de esa comida. Cambio de trabajo, de ciudad, de país, de mentalidad. Hoy domingo, mientras escribo en Copenhague hay un día soleado como se ven pocos en esta época del año, y yo acá adentro, aporreando un teclado. Parafraseando a Amparo, por una vez que se me ocurre expresar cosas, mejor aprovecharlo.

Agárrense fuerte, porque Eructos volvió, y con material.

viernes, 1 de febrero de 2013

Confusiones

Cuando sonó el teléfono y vi la hora que era supe que se trataba de problemas. Por eso le dije que viniera a casa directamente.

Ellos siempre me dicen que en realidad yo me aprovecho de que entre amigos esas cosas no se hacen, pero a mí no me importa. Nos queremos igual y nos bancamos a pesar de todo. Incluso en circunstancias como ésta. Mejor dicho, justamente por circunstancias como ésta.

And there it was, suddenly, just in front of them, the scary realisation that they had actually made love.

¿Pero cómo? ¿Cómo te das cuenta de algo así? - le pregunté, a quemarropa - si jamás te enamoraste de nadie?

Debería  existir una cierta etiqueta - en la que luego, por supuesto, uno se cagaría olímpicamente - acerca de lo que hay y no hay que hacer en casos de one night stand. No podés abrazar tiernamente al otro, regalarle miradas de una magia incomparable, tener los ojos llenos de felicidad completa y encima pasarte la noche brindando caricias suavemente deliciosas. Hasta el más malo de los malos sucumbe ante eso. Pero, yo también le dije esa noche 'a veces te pinta el amor'.

Cuando de repente se dio cuenta de que todo esto era impublicable decidió abrirse y contarme todo. Si tengo que creerle la mitad la única conclusión que puedo sacar es que está en un problema gordo, Vamos, como dicen los angloparlantes, in deep shit.

Decidí entonces continuar con mis preguntas a quemarropa. '¿Hace cuánto que no te pasaba algo así? Digo, esto de darle tantas vueltas en la cabeza a una persona que no conocés de nada'. La respuesta no por esperada fue menos contundente. 'No me había pasado jamás', me dijo, y ya tenía los ojos empañados. Y éramos dos. Jamás había visto esos ojos ('the most beautiful, big brown eyes I've ever seen', textual en serio) brillar de ese modo.

Esa cara... por lo que me contó, mostraba felicidad pura. Si sólo dejaba los ojos al descubierto era evidente que denotaban un estado de plenitud absoluta. ¿Y cómo era posible?

Estaban los dos en la misma, perfectos desconocidos, que después de una conversación así no más y un par de ginger ale con vodka - y después el vejestorio soy yo con mis G&Ts - deciden fríamente - ma non troppo -  irse juntos. Sin siquiera explicitarlo antes, irse juntos con rumbo acordado, porque no quiero irme con ellos, quiero irme solamente con vos, y sin que hasta ese momento hubiera habido contacto físico alguno.

Pero al final no me quedaba otra que creerle. Dijo que no había bebido mucho, que no estaba inventándose cosas a posteriori. Que, incluso, si era preciso, podía reconstruir uno a uno los momentos previos, una a una las caricias que no deberían haber ocurrido. Tenía la mirada de felicidad que le habían regalado grabada a fuego en el alma. Eso no se hace.

'Estoy mal'. No paraba de hablar. Necesitaba catarsis, evidentemente. 'Me da la sensación de que ahora soy capaz de hacer cualquier cosa. De hecho, haría cualquier cosa por poder volver a ver esos ojos. Estoy completamente idiota'.

No me extrañaba. Siempre había sido de tomar decisiones impulsivas y ridículas. Y como tiene más culo que cabeza siempre le salen bien. Pero esto parecía un poco mucho.

'Lo que jamás le voy a perdonar es que me haya quitado el sueño'. Ahí sí, no me quedó otra que creerle.

Para alguien completamente inexperto en estas lides el aprisionamiento había sido bastante rápido. Y no le hacía gracia alguna. Claro, el típico temor a lo desconocido. Empiezo a entender de a poco todo. 'Worse than the total agony of being in love?' le decía Sam al marido de su madre en Love Actually. No, no hay nada peor. Es espantoso. Más cuando tenés la certeza de que se trata de eso.

miércoles, 20 de junio de 2012

Empezando por un puente...

Era en abril... y al final casi, casi, hice girar la tómbola y salió Alemania. Tocaba esta vez el sur, y como no lo conocía, el destino inicial fue el aeropuerto de Munich. Allí alquilé un auto, y para compensar el fiasco del Ford Kuga en FRA hace un par de años pedí uno más pequeño pero bonito. Lo peor fue que me hicieron caso, y los muy inconscientes me dieron un lindísimo BMW serie 1, encima el modelo Sport. Ay, ay, ay...

El modo de control de tracción definitivamente ayudó a mejorar mis habilidades de conducción en mojado, dado que los dos primeros días cayó del cielo una que te la voglio dire. En uno de los peores momento estaba en el medio de la autopista volviendo de Munich, donde había visitado el museo de BMW, y con lluvia torrencial y todo el pequeño me dejó pisarlo hasta 180 más o menos, mientras otros más audaces (o inconscientes) me pasaban y el Costa Concordia encallaba por ahí.

Hacía varios años que no tenía esa extraña combinación de sensaciones. Sentirte el más banana porque vas a 200 y de golpe aparece uno más pistola (y siempre en un Audi o un Mercedes) que te hace luces porque viene a todo orto y si no lo dejás pasar te lleva puesto. Y lo peor es que te pasa como alambre caído.

El tiempo, bastante lamentable, no ameritó una ruta clásica admirando las bellezas de la Selva Negra. Así y todo me las arreglé para enamorarme nuevamente de mi abandonada Emma, patos y narcisos mediante, en el lago Titisee.

La pregunta del millón es por qué terminé eligiendo el hotel cuyas más sonadas alabanzas se referían a su restaurante. En fin, se quedaron cortos. Las cenas de este viaje han sido memorables, todas y cada una de ellas, con unos platos locales increíbles regados con buen vinito o cerveza según lo ameritara la ocasión.

Y después de este viaje hubo unos cuantos más. Y como tenía abandonado al pobre Eructos tenía que empezar por algo. Lo que estoy escribiendo últimamente es demasiado mío como para ponerlo por acá, sepan ustedes disculpar. Pero habrá más provechitos próximamente, se los prometo. Por lo pronto, se viene el relato del periplo de Eructos por el Imperio. No se lo pierdan, yo les aviso...

domingo, 1 de abril de 2012

Buenos Aires parte 2

Me resultó un poco extraño volver a Buenos Aires después de tan poco tiempo. Esta vez me habían llevado los sonidos de la pared de Roger Waters. Me lo había perdido cuando su gira recorrió el viejo mundo y finalmente pude resarcirme viéndolo en mi ciudad. Y no sólo una, sino dos veces, gracias a los buenos oficios de Ceci. De paso, obviamente, aproveché para encontrarme con gente querida.

Ahí estaba, de vuelta en el Varela Varelita, disfrutando de un café con leche de esos que queman desde la taza - ¿habrá algún otro lugar en el mundo en el que las tazas se calienten tanto como en Buenos Aires? - acompañado, como no podía ser de otro modo, de tres medialunas - sí, dos de grasa y una de manteca, por favor. Eso, ver a la gente pasando por la vereda, leyendo el diario mientras toman su café, charlando con otros, incluso alguno más, como yo, escribiendo vaya uno a saber qué cuitas en cuadernos de hojas lisas.

La tele anuncia la catástrofe: 'Sin Facebook durante dos horas'. Imagino miles de pobres animales de Farmville muriendo de inanición ante la desidia de sus cuidadores.

Musicalmente hablando no todo ha sido Waters en este viaje, por supuesto. Tuve la suerte de enganchar, de pura casualidad, el recital de Morrissey en Buenos Aires. Como siempre, Moz no decepcionó. Se comportó como el showman que es y regaló su repertorio trágico y emocionante - aunque a mi pesar no incluyera 'Irish Blood, English Heart' - a todas las almas sensibles que estábamos congregadas ese caluroso domingo en GEBA. Y ahí recordé las delicias de los recitales en Argentina, sobre todo en el campo. Con el pogo que se armó en la primera canción creo que bajé tres kilos solamente de lo que transpiré.

Inevitable e imprescindible el reencuentro con los chicos. Como desde hace un tiempito el lugar elegido fue la casa de Ale y Walter. A falta del Nono estábamos todos los demás. Las charlas discurrieron por los carriles habituales, con la salvedad de que el Nono fue partícipe, o al menos intentamos que así fuera, a través de Skype.

Entre la conexión que andaba bastante como el culo y los micrófonos de ambos lados que dejaban bastante que desear todo se parecía a un diálogo de sordos. De todos modos pudimos comprobar que el Nono sigue sin hablar de su vida privada, que los verdugueos cruzados entre el Peq, el Roco y el Nono perviven a pesar de las distancias, y que es ineludible que, si estamos todos juntos, hablemos todos a la vez y no nos escuchemos.

También me instalé, aunque esta vez en días alternos, en casa de Lau. Nos pusimos al día de todo lo que nos había ocurrido en el mes y medio que no nos vimos, y obviamente no nos alcanzó el tiempo. Merece una mención especial la frase del siglo: 'X es una mina que se casó el día de su casamiento'. Puede que en el futuro cercano tengamos nuevas oportunidades de vernos, si todo sale bien.

El (los) show(s) de Roger fue(ron) memorable(s), fantástico(s), indescriptible(s). Es increíble cómo algo que se supone conocido por todos los presentes pueda de todos modos transmitir esa carga emocional tan grande y ni siquiera perder el factor sorpresa. La compañía, cada una de las veces, antes y después del recital fue memorable. Para el recuerdo el vendedor que nos cruzamos rumbo al gallinero que anunciaba a viva voz: 'Imanes de Rossssher para la heladera, el koh-i-noor, el calefón...'.

En otro orden de cosas, o probablemente no, volver de día después de salir tiene una magia aún hoy atrapante. Es la sensación de haber aprovechado la noche al máximo, sobre todo cuando es una reunión con amigos en un lugar tranqui, en una casa casi que mejor, y la noche discurre entre charlas sobre los temas más variopintos y bebidas interesantes.

Una perla especialísima fue el reencuentro belgra-lujanero con Fio y Ceci. Creo que si ésta última no hubiera tenido que laburar al día siguiente nos habríamos quedado parloteando hasta el mediodía. Finalmente acordamos una segunda parte en Playa del Carmen, cortesía de Fio y sus power-amigos, cuando los planetas se alineen, o dentro de poquito.

Y esta vuelta me traje, una vez más, otro recuerdo indeleble. En realidad dos. Uno quizás ya lo vieron por ahí en el caralibro. El otro, como canta Ringo en 'With a Little Help from my Friends': 'I can't tell you, but I know it's mine'.

domingo, 19 de febrero de 2012

Desmantelando

En algún lugar leí alguna vez que las mudanzas eran una de las situaciones más traumáticas y estresantes por las que puede pasar una persona en su vida. Ahí arriba, rivalizando con familiares estirando la pata y rupturas de pareja. Y ahora me toca mudarme de nuevo.

He de decir que, al menos esta vez, lo estoy haciendo con tiempo. Para variar tengo de nuevo como limitante un viaje antes del que debo tener todo ya movido, aunque en este caso se trate de una cómoda baulera en la que por supuesto no voy a vivir. Y por ahora voy bien, dado que ya han sufrido el paso del tsunami dos de los muebles con mayor densidad de porquerías por centímetro cúbico de todo lo que me rodea.

En la mudanza anterior a la anterior (o la anterior a ésa, quizás) dejé ocho cajas de libros como inquilinos permanentes en la habitación de mi hermana, que por suerte es grande - la habitación, no ella... bueno, ella también, pero no es el punto. Ocho cajas. S
i bien no me tomé el trabajo de contarlos, evidentemente son unos cuantos libros. Había tardado, pongamos, veinte años de mi vida en juntar esa cantidad. Bueno, agárrense porque lo que viene sí que es bueno. En los últimos tres años junté los libros suficientes como para llenar cuatro cajas, que encima son más grandes que las que dejé en Adrogué City. Si contamos que de las ocho cajas iniciales traje una al lugar del que me estoy yendo, y que además en esas cuatro cajas que acabo de embalar no están los libros que tengo en proceso, que son ocho - gracias padre por, además de transmitirme este vicio, pegarme también
las costumbres más insalubres que podría tener asociadas - quedarán, netas, tres cajas y media. O sea, más de una caja por año. La proyección me da miedo, mucho miedo.

Antes de que me ataquen diciendo que por qué no me compro un e-book, les digo que mi religión me lo prohíbe. Necesito el tacto de los libros, oler el papel, tenerlos acumulando polvo en los estantes, llevarlos de paseo por ahí a buscar a su autor para que me los dedique, putear cuando se acercan demasiado al agua, saber que si los presto probablemente no los vaya a ver de nuevo, marcar alguna frase de ésas que marcan con un lápiz - porque todavía me acuerdo de cuando fuimos de visita a la Biblioteca Nacional y la chica que nos paseaba por ahí nos contó que los dos principales enemigos de los libros eran la cinta scotch y las biromes. ¿Y por qué no voy a una biblioteca pública? Ver último punto de la lista anterior. Si me hago socia de una biblioteca cuyos libros están todos subrayados por otros engendros como yo me muero muerta.

El otro mueble lleno de porquerías era la cómoda del living. Una cómoda de 1,23m de altura, 0,80m de ancho y 0,48m de fondo (¡gracias Ikea!) puede guardar una cantidad de mierda nunca antes vista salvo en la tele. Los primeros cajones fueron fáciles, papeles a tirar (muchos por suerte) por acá, papeles importantes por allá, papeles de dudosa utilidad pero que se guardan por las dudas un poco más allá... Y muchos objetos extraños. Pilas, montón de pilas. Voy a tener que llevar un cargamento al laburo, donde está el único punto que recuerdo en el que se pueden dejar pilas usadas. Una cantidad inenarrable de pen drives (¿por qué? ¿los regalarían?). Libretas, usadas y nuevas, post-it varios, tarjetas de visita, tarjetas de crédito viejas, resaltadores - en la puta vida creo haber usado un resaltador en casa -, una navaja (¿?), un rompecabezas de 1000 piezas, mapas de muchos lados, mi título de la facultad - tengo que asegurarme de que eso no vaya al montón de cosas para tirar -, una vaca de peluche rellena de Chupa-Chups...

Para cuando llegué al último cajón ya lo había visto todo, o casi. Llené una caja - más grande que las de los libros, además - con todos los cables que pululaban sólo en ese cajón. Y las cajas varias de electrónicos que los acompañaban. ¿Por qué motivo las cajas de los electrónicos grandes se tiran, y las de los más pequeños se guardan? ¿Para esperar la felicidad? Por mí, que esperen todos juntos, pero adentro de la caja, sin molestar.

La mejor parte fue la de desarmar los muebles en cuestión (gracias Ikea de nuevo). Y pelearme durante horas con esos pitutos suecos que se ponen en esos huequitos circulares tapando esos tornillos no menos raros y que después van girados para sujetar el tornillo. Si alguna vez armaron un mueble de Ikea sabrán de qué les hablo. Si jamás lo hicieron esto les debe estar sonando no a chino básico, sino muy avanzado. Bueno, todos estos años de ingeniería me enseñaron que desarmar algo era reducirlo a sus componentes básicos, lo que para mí implicaba sacar esos pitutos de su lugar y dejar todo dispuesto como en el manual de instrucciones. Toda la tarde estuve luchando contra los dichosos pitutos, hasta que, en un rapto de genialidad propio de esas epifanías de House me di cuenta de que simplemente con girarlos para que liberaran el tornillo raro y separando los paneles que ese tornillo unía me ahorraba el disgusto de pelear contra ellos. Seis años de ingeniería y una tarde puteando en sueco para darme cuenta de que me sigo rascando la oreja izquierda con la mano derecha.

Ay de mí cuando me toque el placard... al menos sé que no tiene esos pitutitos del demonio.

domingo, 29 de enero de 2012

Canciones

Hoy tuve un día bastante musical. Más que un día, diría que el finde completo. Y se me ocurrió volver a Eructos para hacer un listado de canciones robando el concepto de Nick Hornby en 31 Songs - si no lo leyeron se los recomiendo ampliamente - eligiendo no las más significativas musicalmente hablando, sino aquellas que conservo emocionalmente porque las disfruté, las odié, o simplemente acompañaron algún momento de mi vida de manera más o menos especial.

Como a casi todo el mundo me afecta la psicología del número redondo, como decía mi prima Mili, así que la cantidad, en esta ocasión al menos, va a ser de diez... Una, porque me resultó relativamente fácil llegar hasta esa cifra sin quemarme la cabeza - que en una noche de domingo se agradece - y otra, porque me da la posibilidad de ampliarla sin mucha historia cuando se me descongele el cerebro o me puteen por haber elegido tal o cual. Y parafraseando a Mikel López Iturriaga en su última receta de cebiche, diré, antes de que los talibanes de la pureza musical y aledaños se me tiren encima ante esta afrenta al espíritu de Euterpe, que esta lista es mía y la armo como se me da la gana.


10-Carnaval Toda la Vida - Los Fabulosos Cadillacs



Fue la primera en la que pensé, lo prometo. ¿Por qué? No lo tengo muy claro, es aparentemente festiva, aunque si nos fijamos en la letra tiene un dejo melancólico que no se condice mucho con la música. El recuerdo más interesante que me trae es el casamiento de mi prima Mili (sí, la de la psicología del número redondo) y Ale, el Pelado. Hicieron su entrada triunfal en el salón con esta canción, y fue el mejor preludio para una fiesta espectacular... hasta me acuerdo que estaba sentada en la mesa Samuel.


9-There is a Light That Never Goes Out - The Smiths



Algo tiene que significar el hecho de que una de mis canciones de amor preferidas empiece con la frase 'I may not always love you...'. Más significativo es el hecho de que la otra sea este clásico de The Smiths. No me pueden negar que 'to die by your side, well, the pleasure, the privilege is mine' es una de las cosas más bonitas que se le pueden decir a alguien amado. Sí, es amor trágico. Muy trágico. Pero vamos, ¿existe otro?


8-Relax, Take it Easy-Mika



Esta tiene significado colectivo. Fue, por una de esas cosas que ocurren en la vida, el himno no oficial del ISE durante el curso 2007-2008. Pasaron miles de cosas, montones de viajes y recuerdos, y de vez en cuando esta canción vuelve a sonar y nos transporta a las bellas playas de Móstoles (¿?). De más está decir que en el estribillo, cantábamos 'take it I-I-SE...'


7-Brillante Sobre el Mic-Fito Páez



Golpe bajo si los hay, dudaba entre esta muestra del principio del fin de Fito Páez y 'Amigos', de Los Enanitos Verdes. Puede que factores externos afecten mi memoria, pero creo recordar que, en la fiesta del reencuentro belgranense de la XLIV A, Leli, quien musicalizaba, nos ahorró este parto. Capaz no, todo es posible. Igual, a los de mi de-generación nos viene torturando desde que egresamos de séptimo grado - sí, nosotros fuimos los últimos que logramos zafar de la bosta del Polimodal, muehehehehehehe...


6-Ironic - Alanis Morissette



Aquí tengo que traer a mi amiga del alma Cecilia - vos sabés que sos vos, nena. En la época en que nos fanatizamos con esta canadiense nos pasó de todo, mayormente anécdotas iniciáticas. A veces nosotras dos solas, a veces con grupete extendido, siempre generando nuevas historias que resurgen en alguna charla alpedística de las que son nuestra especialidad. Lo que recuerdo, sin embargo, no incluye a Ceci, sino a mi viejo, que me acompañó a Dr Jeckyll - qué tiempos aquellos - a ver a esta muchacha, que tocaba en una especie de acústico para un reducido grupo de privilegiados, que no creo que fuéramos más de 150. Nunca terminé de agradecer bien al alma caritativa que me consiguió la entrada.


5-Bizarre Love Triangle



Clasicazo ochentoso más versionado que Yesterday - bueno, tampoco la pavada. Presente desde tiempos inmemoriales en toda fiesta Baca Paunero que se precie, nos ha dado toneladas de diversión a mí y a mis primos, y momentos de preocupación a nuestros padres y tíos que, si estaban sobrios y nos veían, se preguntaban seriamente si estaríamos en nuestros cabales. Creo que hasta mi hermana se debe saber la letra.


4-Just Like Heaven-The Cure



Siguiendo con el impulso ochentoso, otro clásico, esta vez de mano de The Cure y su perenne alegría darkie. En realidad tendría que haber incluido todo 'Kiss Me,
Kiss Me, Kiss Me', pero me limité a mi favorita de todo el disco. Las motivaciones en este caso son casi demasiado personales, sólo diré que es una de mis conexiones a una persona muy importante en mi vida, y que solíamos bombardearnos mutuamente con canciones de este disco. No creo que quieran más detalles, ya bastante cursi me estoy poniendo.


3-Imitation of Life-R.E.M.



Otra de alegría darkie si las hay, y vaya uno a saber por qué. Las letras de R.E.M. son, cuando menos, crípticas, por no decir a veces completamente ininteligibles. En este caso no estoy muy segura de qué corno estaba hablando Michael Stipe, pero en su momento me sirvió como levanta-ánimos en algún momento bajonero, aunque mayormente me lleva a momentos maravillosos con mis hermanos de la facu. ¿En serio? ¿Una de R.E.M. levanta-ánimos? Estoy muuuuy mal.


2-Stay (Faraway, so Close!)



La que es, en mi humilde opinión, la mejor canción de U2, es también parte de la banda de sonido de Faraway, so Close!, peliculón de Wim Wenders. Ambas me llevan a Berlín. Tanto, que el fantástico plano secuencia con el que empieza la película (con la bellísima Siegessaüle, en el Tiergarten) fue la razón primordial que me llevó a conocer esa ciudad. Y cada vez que voy no puedo evitar ir a visitarla, como si ese ángel me reclamara. Por otra parte, y volviendo a la canción y al tema de esta entrada, tuve uno de los momentos más emotivos en un recital cuando, viendo a U2 en su 360º Tour en el mítico Wembley, Bono está hablando ya no me acuerdo de qué, y dice algo de Berlín... me quedo pensando y digo 'no puedo creer que vayan a tocarla, me muero acá mismo'. Y me morí, de verdad. Qué manera de llorar como una pelotuda, por favor.


1-Always Look on the Bright Side of Life



Había que terminar arriba, porque veníamos medio bajón. La historia no oficial de esta canción es curiosa, parece que cuando filmaban la última escena de 'Life of Brian' (otra peli imprescindible) los actores tuvieron que estar un buen rato ahí colgados y se empezaron a aburrir. Entonces Eric Idle se puso a silbar, le salió una melodía interesante, le pusieron una letra memorable y ahí está, para que todos la disfrutemos. Un infaltable en navidad, pero también en cualquier otro momento de ésos en los que pensás 'Life's a piece of shit, when you look at it'. Eso sí, como cuando palmó Graham Chapman, si me muero quiero que todos la canten en mi velorio.

domingo, 15 de enero de 2012

Far away and long ago...

... a cierta persona se le ocurrió abrir un blog. Empezó, como lo hacía siempre con todo lo que emprendía, entusiasmada y metódica, hasta que con el tiempo lo fue dejando de lado y finalmente cayó en el olvido. Un día, después de la primera vez en que no tuvo ganas de volver al final de unas vacaciones, se dio cuenta de que tenía que agradecer de algún modo a toda la gente que la había soportado durante ese casi mes y medio que la había tenido nuevamente como huésped en su tierra patria. Y aquí estamos una vez más.

Es verdad, es la primera vez en mi vida en que al final de unas vacaciones no quiero volver. Lo pasé maravillosamente bien, como solamente podés hacerlo cuando estás, realmente, en casa. Y no me refiero a patriotismos ridículos ni chauvinismos extremos, sino que, en verdad, tu casa es donde está la gente que querés
(excepciones incluidas). Y en mi caso eso es a 10.000 km del lugar al que la vida y los avatares me llevaron. Como un simple comentario en el caralibro no iba a satisfacer mis ganas de expresar todo lo que quiero allí va este compilado más bien largo y embolante; es lo que hay.

Buenos Aires es increíble. Es caótica, ruidosa, muy enquilombada, frenética, sucia, y a pesar - o justamente por - todo eso, me encanta. Seh, podríamos decir que es más o menos como yo (no, lo de sucia no, por favor, que no se diga). Después de un fin de semana en Adrogué City - gracias a mi hermana favorita por no contarle a mis viejos que iba para allá, a su chico por ir a buscarme a EZE, y a mis viejos por no palmar de un bobazo cuando me vieron cruzar la puerta - una semana en BA era pertinente. Lau, mi hermana por elección, me recibió cordialmente en su depto, y mientras ella laburaba yo me dediqué a recorrer como si no conociera, pateando la ciudad sin rumbo fijo, y disfrutando tanto de ese imbuirse en la ciudad que ni se me ocurrió sacar la cámara. Mire usted qué cosa.

Un miércoles por la noche hice sushi para una juntada de viudas alegres - obviamente no voy a dar detalles. Un jueves por la tarde atravesé la ciudad para ir a ver a mi flia paterna congregada por el primer cumpleaños de una de mis sobris. Ese finde con Lau aprovechamos lo único potable de la gestión de Macri en BA: las bicisendas. Si bien no había suficiente hambre como para clavarse unas bondiolitas en Qué Parrillón, sí la hubo para unos mates con churros.

Llegó otro miércoles, y luego de un día chino que implicó juntada en Caballito para recibir envío de mi courier (¡gracias Diego!), visita a Parque Chacabuco para conocer la nueva casa de Ale, Walter y Gonza, falla de candado en valija y shock de adrenalina para lograr cortar el candado antes de salir para AEP, llegó el momento de volar a CRD para reencontrarme con algunos de los personajes increíbles con los que compartimos un año de master. Qué decir, gente divina, que prepararon dos asados en mi olor (o eso me dijeron, delincuentes), uno con recital de la Hiena y banda incluido, y otro con cuasi-fiesta-del-reencuentro-ISE. Encima tuve la suerte de ir justo el finde de la fiesta de uaipief, a la que accedí como +1 de la gran Oveja, y que fue un casorio pero sin pareja casadera. Glorioso. Gracias a todos los comodorenses que me bancaron, los por adopción y los nyc, lo pasé más que bárbaro.

Dado el éxito de mi sushi con la cohorte de viudas alegres me vi en la necesidad de repetirlo para nochebuena, acompañado de hombrecitos de jengibre que no hubieran podido ser de no mediar los 20 graditos que hicieron para esa habitualmente bochornosa noche del año. Gracias, clima, que nos diste la posibilidad de una nochebuena atiborrándonos de turrones sin chivar como chanchitos. Comentario aparte merecen las actuaciones estelares de mis tíos comiendo sushi: Daniel pelándolo, como si fuera un Sugus, Javier sacando el contenido porque no quería comerse el arroz, y María lidiando con los palitos. Eso sí, cuando llegué ya se habían bajado el Salentein que había enviado, y comimos antes de las doce por obra y gracia vaya uno a saber de qué, porque cometí la gaffe de elegir irme con mi hermana favorita, lo que implicó atravesar un Adrogué desierto a las once y cuarto de la noche - decime, nena, ¿en qué carajo se te va el tiempo cuando te estás cambiando?

Y llegó el momento de la juntada con mis hermanos por elección. Después de idas y vueltas quedamos para un día en que podíamos todos - salvo Fol - habida cuenta de la visita express del Nono desde Mexico. El lugar elegido: la residencia Vázquez-Rombola. El menú: pizza, después de un fallido intento de pedir empanadas (¿puede ser que las empanaderías cierren a las once? Johnny, la gente está muy loca). Luego de dejar a la gente responsable lista para dormir, el grupo más incorregible partió con rumbo desconocido - adivinen dónde estaba yo...

Al día siguiente tocó de nuevo volar a CRD. El objetivo era pasar fin de año en la Casona del Horror, dado que la mayor parte de mi flia se iba a la costa (pero más al norte) para esas fechas. El menú fue nuevamente asado y no decepcionó en lo más mínimo, el grupete que se juntó fue espectacular (aunque todavía estamos puteando a la Hiena por no aparecer), y la sandalia, el arito y el puntero del celu que perdí esa noche me dieron la pauta de que hay que dejar algunas cosas atrás para empezar un nuevo año con todo. Otra estadía en Rada Tilly genial, con playita incluida.

Todavía quedaban cosas por hacer en BA... por ejemplo visitar de nuevo a Lau y a Ale, aunque fuera un poco de raje. Y también a Ceci, que me había quedado colgada después de casi un mes de estar por ahí. A veces una tarde no es suficiente para ponerse al día, pero los mozos de la parrillita a la que fuimos a comer pueden atestiguar que hicimos todo lo humanamente posible... al menos hasta que se fueron.

Después me fui a Valeria del Mar. Allá tenía a más flia que saludar, y más asados que comer. Ver a mis tíos, primos, y sobris, tomar sol y bañarme en el mar, ir al casino a perder guita y hacer huevo... Juli ahora estará puteando porque nadie se querrá meter al mar con ella, shit happens. Comentarios aparte merecen la destreza de Vicky y Mili domando a cinco enanos para que comieran antes que los grandes y lo anonadada que quedó Agus después de escuchar todo aquello de lo que sus primxs serían capaces en su fiesta de casamiento. La lista de invitados se vio sensiblemente reducida después de esa noche.

También pude encontrarme con Olga - cuyo annus horribilis me ayudó a poner en perspectiva el mío - y Befu, dos diosas, que me aguantaron aunque llegara 40 minutos más tarde de la hora convenida, y con quienes también nos pusimos al día como pudimos.

Luego de un último día que incluyó algún recuerdo indeleble, unos sánguches de miga en casa de Ale y unas compras de último momento, la última noche, last but not least, consistió en el encuentro con Fol - que había quedado colgado de la anterior convocatoria con mis hermanos por elección - y la señorita Canchu, con quienes pasamos una velada esssssspetacular. Día largo pero extremadamente productivo, sí señor.

Ya el día de viaje fue más relajado, dormir hasta tarde, almuerzo con la flia nuclear - cuñado y ahijado de cuñado incluidos - compra de alfajores y siesta pertinente, todo eso antes de rajar para EZE. Menos mal que no tenía nada imprescindible que hacer ahí, porque las dos horas entre mi llegada y la salida del vuelo me las pasé entre el control de seguridad y migraciones - y eso que en este último me adelanté en la fila con el argumento de que mi vuelo se iba en 15'. Así y todo salimos a horario. Incroyable.

Me esperaban 14 horitas de vuelo hasta AMS, por suerte de noche. Igualmente, no estoy segura que cuánto se puede descansar cuando en un vuelo nocturno soñás que estás en ese mismo vuelo y no podés dormirte. Lo sé, estoy mal, aunque ni yo sabía en qué grado. Las horas de vuelo finalmente pasaron, mi escala de cinco horas en AMS también fue productiva, y a las ocho de la noche ya estaba embarcando para mi vuelo a MAD. Llegué al depto, dejé las valijas, y me fui a la despedida de Fer. Pero eso ya no es parte de mis vacaciones.

No tenía ganas de volver. Y ahora tengo ganas de volver para allá. Nos vemos en marzo. Los quiero.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Vamos a hacer de cuenta...

... que no me volví. Al menos yo lo voy a hacer, para que no me resulte tan penoso el racconto de sucesos cercanos agradables. Basta de cháchara, a lo que nos convoca.

Mi siguiente paseíto fue por Dublin, más casualmente (aunque como verán, las casualidades no existen) para festejar St Patrick's Day. Antes de que interpreten mal, no es ese rejunte de borrachos que se ve por las calles de Retiro que simplemente se amontonan, cagados de calor, a tomar cerveza berreta. Niet. Los locales se van a pubs alejados de la calle guiri, se juntan entre amigos, brindan, y a la mañana siguiente se van al desfile en conmemoración de su santo predilecto. Y todos están desde temprano para conseguirse una buena ubicación y poder ver todas las carrozas.

Hecha la aclaración, les voy a confirmar que, sí, Dublin es una ciudad bellísima, pequeña, muy recorrible a pie, llena de lugares mágicos escondidos, de irlandeses y de cerveza rica.

El fin de semana de llegada estuvo bastante húmedo, el sábado llovió hasta decir basta, y el domingo amaneció amenazando. Pero por suerte el resto de la semana estuvo de lo más bien. Para el lunes, día del amigo Patricio (no el de Bob Esponja), fuimos con Diego a un bar en la zona de los locales, con bastante gente pero no apretujados, y, oh sorpresa, sin música. Fue bastante particular estar de repente rodeados de la música de las palabras de la gente, sin interferencias. Un buen descanso. Allí conocimos a un grupete de australianos (cuándo no) macanudos, con los que nos quedamos charlando hasta que cerró el bar, y casualmente uno de ellos trabajaba (o había trabajado) en la industria del petróleo.

El martes fuimos a un pequeño pueblo con puerto que se llama Howth, muy cerquita de Dublin, a ver y oler mar, y quedamos encantados. Los pueblos pesqueros tienen ese algo atrapante, que siempre me hace querer visitarlos, y siempre termino maravillada. Éste no era la excepción, así que después del picnic obligado nos perdimos por las calles y conseguimos algunas vistas preciosas.

El miércoles tenía que tocar, la fábrica de Guinness nos esperaba. Si bien más allá de la fantástica cerveza no hay mucho, la visita resultó interesante y nos hubiera gustado quedarnos un rato más. Obviamente interesantísimo nos pareció todo el proceso de elaboración (que industrialmente es en realidad de los más escondidos, pues consiste mayormente en reacciones en tanques cerrados), pero el premio mayor se lo lleva la degustación del negro elixir en el piso más alto. Les aseguro que ha sido la Guinness más sabrosa que tomé en mi vida. Lejos.

Jueves y viernes me dediqué a pasear, bastante porque estaba casi todo cerrado (¡incluso los pubs el viernes!), y aproveché para perderme por todas las calles que pude.



El Liffey y la ciudad, con clima típico


Grupete descansando en el parque contiguo a la iglesia de St Patrick



Diego y yo posando en otro parquecito


En la costa de Howth


Las puertas de la perdición



Daffodils

martes, 11 de marzo de 2008

Desde Edimburgo...

Ahora que ya me volví, les voy a contar algunas cositas sobre este lugar tan bonito en el que pasé poco más de dos meses y del que no me quería ir... snif...

Adem
ás de estar lleno de escoceses, tartans y whisky, es un lugar particularmente mágico, tanto, que hasta hace olvidar el clima con sobredosis de viento y agua. Ese exceso de agua, justamente, por el que todos puteamos un poco pero que, después de todo, es el responsable de los maravillosos verdes que podemos ver por toda Escocia.

Estos dos meses y medio estuve viviendo en el campus de la Heriot Watt, no tan cerca del centro de Edimburgo pero sí muy cómodo para todo lo que tuviera que ver con cuestiones académicas. En cuanto a lo que sí aproveché, he de mencionar el sports centre (aunque no fuera seguido, jejejeje). El campus, precioso, lleno de verde y con muchos espacios abiertos, aunque lamentablemente no me hiciera tiempo más seguido para recorrerlo. Hay un lago muy bonito lleno de patos y cisnes (que tienen localizadores en las patas, por si acaso a algún estudiante rata se le ocurre cazar uno para engullirlo) y por tierra firme bastantes conejos y liebres (sin localizadores a la vista, pero bueno, corren más rápido que los estudiantes más entrenados).

La ciudad es divina, llena de edificios misteriosos que cuentan historias y con paisajes atrapantes, urbanos y no tanto. Ahora que pienso, no tomé tantas fotos como hubiera querido, seguramente porque estando allí siempre pensaba en la siguiente oportunidad para recorrer.

En estos momentos no estoy muy inspirada como para escribir, así que les dejo algunas fotos que expresan mejor la magia de Edimburgo.

Campus nevado, al segundo día de llegar



Tumba en uno de los cementerios de Edimburgo, con la calavera indicando que quien ahí yacía había muerto por la peste



Vista de la ciudad desde Arthur's Seat



Un oasis en el medio del bosque, en el campus



Extrañas formaciones anti viento, para sentarse a descansar



E incluso, un banco para monos (Hernán, no me podés negar que es todo un hallazgo)

jueves, 12 de julio de 2007

Una poto...

...para compartir. Para que vean que en algún momento, hace mucho, también tenía poco pelo, y era dulce y tranquila...

martes, 30 de enero de 2007

Recuerdos o no tanto...

El otro día un libro que hace bastante que no leía me sorprendió de un modo no habitual en ese tipo de objetos. El ejemplar en cuestión: El Señor de los Anillos I. Lo más gracioso, la manía de usar para señalar páginas elementos que sólo se asemejan a un señalador en que son finitos (no sólo en sentido matemático); en este caso, un pasaje. Lo más bonito, revivir esa dedicatoria de Lau y Ale escrita en pleno corralito (¿te acuerdas, Lampinho?) y recordar las vicisitudes de ese año... no todo estuvo tan mal, se empezó a pudrir para el cumple, as usual...