sábado, 4 de febrero de 2012

Colaboraciones

Esta semana anduve revolviendo cosas viejas, muy viejas, que tenía en una serie de discos de back-up guardadas hace bastante. Y me crucé con unas cuantas que había olvidado pero que no dejaban de ser más que interesantes. Una de las mejores, lamentablemente, no era mía. Pero me seguía pareciendo tan buena como la primera vez que la había leído. Así que me puse en contacto con el alma cercana que lo originó para pedirle permiso para incluirlo aquí en Eructos. Increíblemente, me dijo que sí, pero bajo la condición de que no publicara su nombre dado que en ese texto desnuda cosas muy suyas.

Entonces aquí les dejo la primera colaboración que recibe Eructos Mentales: Cordobés sensible.


Cordobés sensible

No puedo dejar de pensar en el cordobés sensible. Ése que se ofende cuando le dicen: “che Cordobés, contate un chiste...”. No puedo dejar de sentirme como ese cordobés, que al fin de cuentas, puede hacerte mear de la risa. Pero no quiere ahora, no está de humor para chistes supongo. Yo tampoco lo estoy. Y creeme que te puedo hacer matar de la risa, puedo ser un payaso. Puedo ser un circo entero. Vos ya lo sabés, mil veces te vi muriendo de la risa. ¿Nunca se te ocurrió que tal vez este cordobés te querría escribir un poema? O cantar una canción algo demostrativa... Vos seguro tenés la poca delicadeza de aplaudirlo, como si fuera showman. El tipo te dice mil cosas, te canta bien clarito al oído y vos te pensás que es una ofrenda. Como si quisiera impresionarte, nada más alejado, el horrendo cordobés quería cantarte las verdades que no se anima a decir, porque es sensible, es cagón el cordobés. Tal vez es muy sabio, como un buda iluminador sabe lo que va a suceder, y no puede dejar de pensarlo en la noche. No duerme, planifica, porque no sólo cuenta bien los chistes, canta lindo y con poesía-que-viene-al-caso, sino que además es ultra inteligente el cordobés. Pasa que en la noche piensa lo mejor, para poder dormirse. Todo lo malo lo piensa cuando te acompaña a tu casa y se pone a llorar, sin que te des cuenta, porque vos también vas mirando el piso. Puto y cordobés, pero que lindo cómo canta... ¡¡Y cómo cuenta chistes!! Me hace cagar de la risa. Y se comenta que en la cama no está nada mal el cordobés, él posee mucho “Knack”. Y él está sentado, tocando la guitarra, cagándose en todas esas cualidades circenses.

Él te quiere decir un poema, pero no se le permite, su lugar en el mundo es contando chistes, con un Fernet en la mano. Si se toma más libertades que esa lo echan del paraíso. Y el cordobés se la banca, porque encima tiene unos huevos de oro. Hasta que llega a su casa y las paredes lo miran fijo: “¡Llorá, culiao!”. El equipo de música está apagado, pero también le grita que llore. Y cuando entra a su cuarto y ve la cama destapada, desolada y desmujerizada, rompe en el llanto que tanto exigía.


Su dolor es más grande que la provincia de Córdoba, y crece con la gracia de sus chistes, con el humo de su Knack y con la belleza de su canto. Cuanto más disfrutás del cordobés, más se agranda su pena, pero su gran capacidad (y he aquí la principal fuente de graciosidad de los cuentachistes cordobeses) es que en ningún momento te lo hace saber. La mayoría de los humoristas te pintan su triste realidad, tiran un golpe bajo después de hacerte reír, en cambio éste se te queda mirando con media sonrisa clavada, esa que tanto te gusta, y muere pisado por un gran vaso de Fernet. El cordobés se quiere morir, se prepara otro Fernet estando solo en la casa y pone un disquito pa’que le haga compañía. No pone cuarteto ni La Mona Giménez, en cambio pone el “Darklands” de los Jesus and Mary Chain tal vez porque quiera dejar de ser Cordobés, o porque ése es el disco que sonó la primera noche que estuvo con vos. “Y se despierta de un sueño hacia un aterrador mundo de gritos, y entiende que el cielo está muy cerca del infierno”. Eso es lo que dice la canción de las tierras oscuras, escrita por unos tipos que jamás estuvieron en Córdoba.


Menos mal que te fuiste, él ya se había cansado de Córdoba. Agarró la guitarra y pidió a gritos: “Take me to the dark. O god I get down on my knees. And I feel like I could die by the river of disease...” Se quedó callado pensando si el “river of disease” tendría algo que ver con Río Cuarto. Luego entendió que no puede dejar de ser cordobés, dejar de ser gracioso. Nada que hacer para su salvación, vio el paraíso escapársele de las manos, y con la guitarra clamó: “I want to stay, I want to stay... tututututuuuuu...” (Y fin de la canción).

R.

domingo, 29 de enero de 2012

Canciones

Hoy tuve un día bastante musical. Más que un día, diría que el finde completo. Y se me ocurrió volver a Eructos para hacer un listado de canciones robando el concepto de Nick Hornby en 31 Songs - si no lo leyeron se los recomiendo ampliamente - eligiendo no las más significativas musicalmente hablando, sino aquellas que conservo emocionalmente porque las disfruté, las odié, o simplemente acompañaron algún momento de mi vida de manera más o menos especial.

Como a casi todo el mundo me afecta la psicología del número redondo, como decía mi prima Mili, así que la cantidad, en esta ocasión al menos, va a ser de diez... Una, porque me resultó relativamente fácil llegar hasta esa cifra sin quemarme la cabeza - que en una noche de domingo se agradece - y otra, porque me da la posibilidad de ampliarla sin mucha historia cuando se me descongele el cerebro o me puteen por haber elegido tal o cual. Y parafraseando a Mikel López Iturriaga en su última receta de cebiche, diré, antes de que los talibanes de la pureza musical y aledaños se me tiren encima ante esta afrenta al espíritu de Euterpe, que esta lista es mía y la armo como se me da la gana.


10-Carnaval Toda la Vida - Los Fabulosos Cadillacs



Fue la primera en la que pensé, lo prometo. ¿Por qué? No lo tengo muy claro, es aparentemente festiva, aunque si nos fijamos en la letra tiene un dejo melancólico que no se condice mucho con la música. El recuerdo más interesante que me trae es el casamiento de mi prima Mili (sí, la de la psicología del número redondo) y Ale, el Pelado. Hicieron su entrada triunfal en el salón con esta canción, y fue el mejor preludio para una fiesta espectacular... hasta me acuerdo que estaba sentada en la mesa Samuel.


9-There is a Light That Never Goes Out - The Smiths



Algo tiene que significar el hecho de que una de mis canciones de amor preferidas empiece con la frase 'I may not always love you...'. Más significativo es el hecho de que la otra sea este clásico de The Smiths. No me pueden negar que 'to die by your side, well, the pleasure, the privilege is mine' es una de las cosas más bonitas que se le pueden decir a alguien amado. Sí, es amor trágico. Muy trágico. Pero vamos, ¿existe otro?


8-Relax, Take it Easy-Mika



Esta tiene significado colectivo. Fue, por una de esas cosas que ocurren en la vida, el himno no oficial del ISE durante el curso 2007-2008. Pasaron miles de cosas, montones de viajes y recuerdos, y de vez en cuando esta canción vuelve a sonar y nos transporta a las bellas playas de Móstoles (¿?). De más está decir que en el estribillo, cantábamos 'take it I-I-SE...'


7-Brillante Sobre el Mic-Fito Páez



Golpe bajo si los hay, dudaba entre esta muestra del principio del fin de Fito Páez y 'Amigos', de Los Enanitos Verdes. Puede que factores externos afecten mi memoria, pero creo recordar que, en la fiesta del reencuentro belgranense de la XLIV A, Leli, quien musicalizaba, nos ahorró este parto. Capaz no, todo es posible. Igual, a los de mi de-generación nos viene torturando desde que egresamos de séptimo grado - sí, nosotros fuimos los últimos que logramos zafar de la bosta del Polimodal, muehehehehehehe...


6-Ironic - Alanis Morissette



Aquí tengo que traer a mi amiga del alma Cecilia - vos sabés que sos vos, nena. En la época en que nos fanatizamos con esta canadiense nos pasó de todo, mayormente anécdotas iniciáticas. A veces nosotras dos solas, a veces con grupete extendido, siempre generando nuevas historias que resurgen en alguna charla alpedística de las que son nuestra especialidad. Lo que recuerdo, sin embargo, no incluye a Ceci, sino a mi viejo, que me acompañó a Dr Jeckyll - qué tiempos aquellos - a ver a esta muchacha, que tocaba en una especie de acústico para un reducido grupo de privilegiados, que no creo que fuéramos más de 150. Nunca terminé de agradecer bien al alma caritativa que me consiguió la entrada.


5-Bizarre Love Triangle



Clasicazo ochentoso más versionado que Yesterday - bueno, tampoco la pavada. Presente desde tiempos inmemoriales en toda fiesta Baca Paunero que se precie, nos ha dado toneladas de diversión a mí y a mis primos, y momentos de preocupación a nuestros padres y tíos que, si estaban sobrios y nos veían, se preguntaban seriamente si estaríamos en nuestros cabales. Creo que hasta mi hermana se debe saber la letra.


4-Just Like Heaven-The Cure



Siguiendo con el impulso ochentoso, otro clásico, esta vez de mano de The Cure y su perenne alegría darkie. En realidad tendría que haber incluido todo 'Kiss Me,
Kiss Me, Kiss Me', pero me limité a mi favorita de todo el disco. Las motivaciones en este caso son casi demasiado personales, sólo diré que es una de mis conexiones a una persona muy importante en mi vida, y que solíamos bombardearnos mutuamente con canciones de este disco. No creo que quieran más detalles, ya bastante cursi me estoy poniendo.


3-Imitation of Life-R.E.M.



Otra de alegría darkie si las hay, y vaya uno a saber por qué. Las letras de R.E.M. son, cuando menos, crípticas, por no decir a veces completamente ininteligibles. En este caso no estoy muy segura de qué corno estaba hablando Michael Stipe, pero en su momento me sirvió como levanta-ánimos en algún momento bajonero, aunque mayormente me lleva a momentos maravillosos con mis hermanos de la facu. ¿En serio? ¿Una de R.E.M. levanta-ánimos? Estoy muuuuy mal.


2-Stay (Faraway, so Close!)



La que es, en mi humilde opinión, la mejor canción de U2, es también parte de la banda de sonido de Faraway, so Close!, peliculón de Wim Wenders. Ambas me llevan a Berlín. Tanto, que el fantástico plano secuencia con el que empieza la película (con la bellísima Siegessaüle, en el Tiergarten) fue la razón primordial que me llevó a conocer esa ciudad. Y cada vez que voy no puedo evitar ir a visitarla, como si ese ángel me reclamara. Por otra parte, y volviendo a la canción y al tema de esta entrada, tuve uno de los momentos más emotivos en un recital cuando, viendo a U2 en su 360º Tour en el mítico Wembley, Bono está hablando ya no me acuerdo de qué, y dice algo de Berlín... me quedo pensando y digo 'no puedo creer que vayan a tocarla, me muero acá mismo'. Y me morí, de verdad. Qué manera de llorar como una pelotuda, por favor.


1-Always Look on the Bright Side of Life



Había que terminar arriba, porque veníamos medio bajón. La historia no oficial de esta canción es curiosa, parece que cuando filmaban la última escena de 'Life of Brian' (otra peli imprescindible) los actores tuvieron que estar un buen rato ahí colgados y se empezaron a aburrir. Entonces Eric Idle se puso a silbar, le salió una melodía interesante, le pusieron una letra memorable y ahí está, para que todos la disfrutemos. Un infaltable en navidad, pero también en cualquier otro momento de ésos en los que pensás 'Life's a piece of shit, when you look at it'. Eso sí, como cuando palmó Graham Chapman, si me muero quiero que todos la canten en mi velorio.

domingo, 15 de enero de 2012

Far away and long ago...

... a cierta persona se le ocurrió abrir un blog. Empezó, como lo hacía siempre con todo lo que emprendía, entusiasmada y metódica, hasta que con el tiempo lo fue dejando de lado y finalmente cayó en el olvido. Un día, después de la primera vez en que no tuvo ganas de volver al final de unas vacaciones, se dio cuenta de que tenía que agradecer de algún modo a toda la gente que la había soportado durante ese casi mes y medio que la había tenido nuevamente como huésped en su tierra patria. Y aquí estamos una vez más.

Es verdad, es la primera vez en mi vida en que al final de unas vacaciones no quiero volver. Lo pasé maravillosamente bien, como solamente podés hacerlo cuando estás, realmente, en casa. Y no me refiero a patriotismos ridículos ni chauvinismos extremos, sino que, en verdad, tu casa es donde está la gente que querés
(excepciones incluidas). Y en mi caso eso es a 10.000 km del lugar al que la vida y los avatares me llevaron. Como un simple comentario en el caralibro no iba a satisfacer mis ganas de expresar todo lo que quiero allí va este compilado más bien largo y embolante; es lo que hay.

Buenos Aires es increíble. Es caótica, ruidosa, muy enquilombada, frenética, sucia, y a pesar - o justamente por - todo eso, me encanta. Seh, podríamos decir que es más o menos como yo (no, lo de sucia no, por favor, que no se diga). Después de un fin de semana en Adrogué City - gracias a mi hermana favorita por no contarle a mis viejos que iba para allá, a su chico por ir a buscarme a EZE, y a mis viejos por no palmar de un bobazo cuando me vieron cruzar la puerta - una semana en BA era pertinente. Lau, mi hermana por elección, me recibió cordialmente en su depto, y mientras ella laburaba yo me dediqué a recorrer como si no conociera, pateando la ciudad sin rumbo fijo, y disfrutando tanto de ese imbuirse en la ciudad que ni se me ocurrió sacar la cámara. Mire usted qué cosa.

Un miércoles por la noche hice sushi para una juntada de viudas alegres - obviamente no voy a dar detalles. Un jueves por la tarde atravesé la ciudad para ir a ver a mi flia paterna congregada por el primer cumpleaños de una de mis sobris. Ese finde con Lau aprovechamos lo único potable de la gestión de Macri en BA: las bicisendas. Si bien no había suficiente hambre como para clavarse unas bondiolitas en Qué Parrillón, sí la hubo para unos mates con churros.

Llegó otro miércoles, y luego de un día chino que implicó juntada en Caballito para recibir envío de mi courier (¡gracias Diego!), visita a Parque Chacabuco para conocer la nueva casa de Ale, Walter y Gonza, falla de candado en valija y shock de adrenalina para lograr cortar el candado antes de salir para AEP, llegó el momento de volar a CRD para reencontrarme con algunos de los personajes increíbles con los que compartimos un año de master. Qué decir, gente divina, que prepararon dos asados en mi olor (o eso me dijeron, delincuentes), uno con recital de la Hiena y banda incluido, y otro con cuasi-fiesta-del-reencuentro-ISE. Encima tuve la suerte de ir justo el finde de la fiesta de uaipief, a la que accedí como +1 de la gran Oveja, y que fue un casorio pero sin pareja casadera. Glorioso. Gracias a todos los comodorenses que me bancaron, los por adopción y los nyc, lo pasé más que bárbaro.

Dado el éxito de mi sushi con la cohorte de viudas alegres me vi en la necesidad de repetirlo para nochebuena, acompañado de hombrecitos de jengibre que no hubieran podido ser de no mediar los 20 graditos que hicieron para esa habitualmente bochornosa noche del año. Gracias, clima, que nos diste la posibilidad de una nochebuena atiborrándonos de turrones sin chivar como chanchitos. Comentario aparte merecen las actuaciones estelares de mis tíos comiendo sushi: Daniel pelándolo, como si fuera un Sugus, Javier sacando el contenido porque no quería comerse el arroz, y María lidiando con los palitos. Eso sí, cuando llegué ya se habían bajado el Salentein que había enviado, y comimos antes de las doce por obra y gracia vaya uno a saber de qué, porque cometí la gaffe de elegir irme con mi hermana favorita, lo que implicó atravesar un Adrogué desierto a las once y cuarto de la noche - decime, nena, ¿en qué carajo se te va el tiempo cuando te estás cambiando?

Y llegó el momento de la juntada con mis hermanos por elección. Después de idas y vueltas quedamos para un día en que podíamos todos - salvo Fol - habida cuenta de la visita express del Nono desde Mexico. El lugar elegido: la residencia Vázquez-Rombola. El menú: pizza, después de un fallido intento de pedir empanadas (¿puede ser que las empanaderías cierren a las once? Johnny, la gente está muy loca). Luego de dejar a la gente responsable lista para dormir, el grupo más incorregible partió con rumbo desconocido - adivinen dónde estaba yo...

Al día siguiente tocó de nuevo volar a CRD. El objetivo era pasar fin de año en la Casona del Horror, dado que la mayor parte de mi flia se iba a la costa (pero más al norte) para esas fechas. El menú fue nuevamente asado y no decepcionó en lo más mínimo, el grupete que se juntó fue espectacular (aunque todavía estamos puteando a la Hiena por no aparecer), y la sandalia, el arito y el puntero del celu que perdí esa noche me dieron la pauta de que hay que dejar algunas cosas atrás para empezar un nuevo año con todo. Otra estadía en Rada Tilly genial, con playita incluida.

Todavía quedaban cosas por hacer en BA... por ejemplo visitar de nuevo a Lau y a Ale, aunque fuera un poco de raje. Y también a Ceci, que me había quedado colgada después de casi un mes de estar por ahí. A veces una tarde no es suficiente para ponerse al día, pero los mozos de la parrillita a la que fuimos a comer pueden atestiguar que hicimos todo lo humanamente posible... al menos hasta que se fueron.

Después me fui a Valeria del Mar. Allá tenía a más flia que saludar, y más asados que comer. Ver a mis tíos, primos, y sobris, tomar sol y bañarme en el mar, ir al casino a perder guita y hacer huevo... Juli ahora estará puteando porque nadie se querrá meter al mar con ella, shit happens. Comentarios aparte merecen la destreza de Vicky y Mili domando a cinco enanos para que comieran antes que los grandes y lo anonadada que quedó Agus después de escuchar todo aquello de lo que sus primxs serían capaces en su fiesta de casamiento. La lista de invitados se vio sensiblemente reducida después de esa noche.

También pude encontrarme con Olga - cuyo annus horribilis me ayudó a poner en perspectiva el mío - y Befu, dos diosas, que me aguantaron aunque llegara 40 minutos más tarde de la hora convenida, y con quienes también nos pusimos al día como pudimos.

Luego de un último día que incluyó algún recuerdo indeleble, unos sánguches de miga en casa de Ale y unas compras de último momento, la última noche, last but not least, consistió en el encuentro con Fol - que había quedado colgado de la anterior convocatoria con mis hermanos por elección - y la señorita Canchu, con quienes pasamos una velada esssssspetacular. Día largo pero extremadamente productivo, sí señor.

Ya el día de viaje fue más relajado, dormir hasta tarde, almuerzo con la flia nuclear - cuñado y ahijado de cuñado incluidos - compra de alfajores y siesta pertinente, todo eso antes de rajar para EZE. Menos mal que no tenía nada imprescindible que hacer ahí, porque las dos horas entre mi llegada y la salida del vuelo me las pasé entre el control de seguridad y migraciones - y eso que en este último me adelanté en la fila con el argumento de que mi vuelo se iba en 15'. Así y todo salimos a horario. Incroyable.

Me esperaban 14 horitas de vuelo hasta AMS, por suerte de noche. Igualmente, no estoy segura que cuánto se puede descansar cuando en un vuelo nocturno soñás que estás en ese mismo vuelo y no podés dormirte. Lo sé, estoy mal, aunque ni yo sabía en qué grado. Las horas de vuelo finalmente pasaron, mi escala de cinco horas en AMS también fue productiva, y a las ocho de la noche ya estaba embarcando para mi vuelo a MAD. Llegué al depto, dejé las valijas, y me fui a la despedida de Fer. Pero eso ya no es parte de mis vacaciones.

No tenía ganas de volver. Y ahora tengo ganas de volver para allá. Nos vemos en marzo. Los quiero.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Vamos a hacer de cuenta...

... que no me volví. Al menos yo lo voy a hacer, para que no me resulte tan penoso el racconto de sucesos cercanos agradables. Basta de cháchara, a lo que nos convoca.

Mi siguiente paseíto fue por Dublin, más casualmente (aunque como verán, las casualidades no existen) para festejar St Patrick's Day. Antes de que interpreten mal, no es ese rejunte de borrachos que se ve por las calles de Retiro que simplemente se amontonan, cagados de calor, a tomar cerveza berreta. Niet. Los locales se van a pubs alejados de la calle guiri, se juntan entre amigos, brindan, y a la mañana siguiente se van al desfile en conmemoración de su santo predilecto. Y todos están desde temprano para conseguirse una buena ubicación y poder ver todas las carrozas.

Hecha la aclaración, les voy a confirmar que, sí, Dublin es una ciudad bellísima, pequeña, muy recorrible a pie, llena de lugares mágicos escondidos, de irlandeses y de cerveza rica.

El fin de semana de llegada estuvo bastante húmedo, el sábado llovió hasta decir basta, y el domingo amaneció amenazando. Pero por suerte el resto de la semana estuvo de lo más bien. Para el lunes, día del amigo Patricio (no el de Bob Esponja), fuimos con Diego a un bar en la zona de los locales, con bastante gente pero no apretujados, y, oh sorpresa, sin música. Fue bastante particular estar de repente rodeados de la música de las palabras de la gente, sin interferencias. Un buen descanso. Allí conocimos a un grupete de australianos (cuándo no) macanudos, con los que nos quedamos charlando hasta que cerró el bar, y casualmente uno de ellos trabajaba (o había trabajado) en la industria del petróleo.

El martes fuimos a un pequeño pueblo con puerto que se llama Howth, muy cerquita de Dublin, a ver y oler mar, y quedamos encantados. Los pueblos pesqueros tienen ese algo atrapante, que siempre me hace querer visitarlos, y siempre termino maravillada. Éste no era la excepción, así que después del picnic obligado nos perdimos por las calles y conseguimos algunas vistas preciosas.

El miércoles tenía que tocar, la fábrica de Guinness nos esperaba. Si bien más allá de la fantástica cerveza no hay mucho, la visita resultó interesante y nos hubiera gustado quedarnos un rato más. Obviamente interesantísimo nos pareció todo el proceso de elaboración (que industrialmente es en realidad de los más escondidos, pues consiste mayormente en reacciones en tanques cerrados), pero el premio mayor se lo lleva la degustación del negro elixir en el piso más alto. Les aseguro que ha sido la Guinness más sabrosa que tomé en mi vida. Lejos.

Jueves y viernes me dediqué a pasear, bastante porque estaba casi todo cerrado (¡incluso los pubs el viernes!), y aproveché para perderme por todas las calles que pude.



El Liffey y la ciudad, con clima típico


Grupete descansando en el parque contiguo a la iglesia de St Patrick



Diego y yo posando en otro parquecito


En la costa de Howth


Las puertas de la perdición



Daffodils

miércoles, 2 de julio de 2008

Eructos not dead!

Este blog no ha caducado, ni su autora ha muerto. Simplemente, combinaciones letales de nula inspiración con tiempo limitado para buscarla. Más novedades en un próximo boletín.

lunes, 12 de mayo de 2008

London revisited

Bueno, lamentablemente, o no tanto, según se lo mire, no pude resistirme a volver a Londres (¡gracias, EasyJet!) así que el primer finde que se pudo (fines de febrero), regresé, esta vez con Diego.

He de decir que no visité muchos lugares nuevos, sino que anduve recorriendo con más calma algunos que me habían gustado mucho. Y como Diego quería también visitar algunos sitios en los que no había estado, oficié de guía un tanto pedorra, pero entusiasta.


Allí nos encontramos con uno de los multitudinarios grupos que tambi
én había ido desde Edimburgo (creo que todo el mundo encontró la oferta de EasyJet), y con ellos fuimos a visitar Camden Town, esta vez después del incendio. Resultó que no había sido tan terrible como lo pintaban, de hecho, fue sobre unos locales frente al mercado, no dentro del mercado mismo (y si lo había sido, habían vuelto a dejar todo como estaba a fin de año).

Regresé también al Science Museum, para toquetear todo lo que no había podido la vez pasada, y al British, esta vez para hacer visita más completa y tranquila.

El clima nos hizo un favorazo, tuvimos mucho sol y buen tiempo, ideales para recorrer una de las ciudades más bonitas que conozco. Les dejo más fotitos.



Sol en el Tower Bridge.


Paseando debajo de puentecitos mágicos.


Diego adorando la píldora gigante.


Grupete en la plaza de Houses of Parliament: Franquito, Pancho, Aitor (con Coca Cola y sin Rodriguín), Gonza, Víctor, Lean, Diego, Wisam, Fefo, Tomi, y yo debajo, apurada por salir en la foto.

Poca imaginación, pero muchas fotos pendientes...

Mis estimados, no puedo seguir demorando más este asunto; resulta que en cada vuelta me mando - promedio - giga, giga y medio de fotos, y mi última actualización es de un viaje de hace más de cuatro meses. Así que voy a tirarles todo encima, para que mis tías cibernéticas no me reten y para sacarme el peso de la culpa que me carcome (a la mierda, en realidad no, pero sé que, si no lo hago , cada día que pase me va a costar más).

Hoy rematamos Stirling.


Después del lisérgico viaje por las Highlands, decidimos repetir tan lisérgico grupo, sumar a algunos más, y destinar un domingo a la visita express de la tierra del cinematográfico William Wallace (no, no vimos a Mel Gibson. Otros borrachos varios sí, pero no ése).


Lo fumeta empezó cuando nos encontramos para salir en la planta baja de la resi
dencia. Allí hizo acto de presencia César (a.k.a. La Hiena) ataviado con un típico kilt. Huelgan comentarios.

La primera parada una vez llegados a Stirling fue en el monumento a William Wallace, su hijo predilecto. Allí vimos la estatua de Mel Gibson, la enorme torre recordatoria, y las fantásticas panorámicas sobre la ciudad, pero decidimos no entrar al monumento.


Luego, guiados como siempre por la Lonely, llegamos a selecto barcito local con desayuno de proporciones 'William Wallace' (LP dixit). Comimos como cerditos, como ya es costumbre, y seguimos viaje, luego de constatar que nuestro camarero hablaba español con perfecto acento argentino, y que dos muchachos que laburaban a la vuelta eran coterráneos de otros miembros del grupo, a saber, venezolanos y asturiano.


El siguente destino fue el castillo de Stirling, donde nuestro guía nos dio una ex
celente charla en escocés del más cerrado (y casi me hago pis de risa viendo las caras de los chicos tratando de captar dos palabras seguidas, muehehehe...). El castillo nos resultó precioso, los modelos a escala reviviendo situaciones cotidianas, de lo más divertidos, pero todo nos dio sed, así que volvimos al pueblo a por una cervecita antes de partir, y regresar a Edimburgo.


El puente detrás del cual Wallace y sus amigos se cargaron a unos cuantos.


Grupete antes de entrar al castillo, en el mirador: quien suscribe, Leandro, Aitor, Rodriguín, George, Diego y César.


Y el cartele del viaje: 'Hair Upstair'.

jueves, 3 de abril de 2008

Highlanders

Cuando vimos que la vida de campus venía bien tranquila, dijimos 'acá tenemos que hacer algo'. Y en lugar de hacer algo justamente ahí, alquilamos un auto con Aitor, Diego y George y nos fuimos de paseo a las Highlands. El itinerario prearmado prometía muchos kilómetros de mapa, dos noches en distintos lugares y paisajes increíbles.

Salimos un sábado a la mañana y fuimos a buscar nuestro vehí
culo. Grande fue nuestra sorpresa cuando vimos que en lugar del Clio que habíamos reservado (el más barato en el que cabían cuatro adultos) nos esperaba una Zafira. Mejor, imposible. Nada de acomodar las cosas; desparramamos todo en los muchos metros cúbicos disponibles y encaramos la ruta con Inverness como destino final.

En el camino la lluvia nos dejó visitar Loch Lomond, Fort William y Loch Ness (no, no vimos a Nessie). Los paisajes increíbles se hacían realidad a cada kilómetro, y nuestro conductor (Diego) nos tuvo la suficiente paciencia como para detenerse cuando teníamos ganas de sacar fotos o simplemente mirar más de cerca las vacas peludas.


Llegamos finalmente a Inverness, hicimos una mini merienda-cena, y nos fuimos a recorrer. Lindo lugar, recalamos en un pub recomendado por gente del hostel en el que había música en vivo, con tres bandas a falta de una. Nos quedamos en el piso en el que estaba la banda de música más típica a divertirnos un rato. La vuelta fue más bien tempranera; al otro día había que levantarse temprano para hacer muchos kilómetros (aunque el odómetro del auto marcara millas).

Como Inverness estaba lindo pero no nos llamaba especialmente la atención para desayunar, tomamos un café bebido (de qué otro modo si no) y rumbeamos para Ullapool, bastante más al norte. La idea del día era subir hasta la punta de Escocia, y luego pasar a la isla de Skye. Nos enamoramos de Ullapool al instante. En primer lugar, porque es un pueblito pesquero de lo más pintoresco, con la calle principal hacia el bracito de mar sobre el que está situada, y en segundo (last but not least) porque gracias a la recomendación de la Lonely Planet, compañera fiel si las hay, llegamos a un bolichito en el que tomamos un desayuno de la hostia, cargado de calorías y colesterol. Además, ¡tenían tarros de dulce de leche San Ignacio!

La siguiente parada fue en las ruinas de un castillo más hacia el norte, Ardvreck Castle. Allí nos intrigó el misterio de la criatura devoradora de conejos a medias. El campo estaba sembrado de restos de cadáveres de conejo, y nos fuimos con las ganas de saber de qué bicho se trataba - pero no de cruzárnoslo...

En la ruta hacia el norte intentamos, infructuosamente,
de atrapar unas ovejas. Imposible, estaban mucho más acostumbradas al frío y al terreno que nosotros.

Recalamos en Durness. Estábamos inesperadamente, en Escocia, en una playa de arena. George no pudo dominar su emoción, se quedó en calzones y se mandó al agua. Si yo digo que hacía frío, no sorprendo a nadie. Pero estaba en compañía de tres muchachos, y, s
alvo George y su desvarío, los demás tenían frío. Y no le importó nada, se mandó, y al darse cuenta que no eran precisamente las cálidas aguas de Venezuela las que lo recibían, salió más rápido de lo que entró, aunque contento por haberlo intentado. Aitor y Diego se mojaron los pies, yo me limité a tomar fotos y reírme un rato.

Nuestro destino nocturno era Portnalong, en la isla de Skye, más precisamente, el Skyewalker Hostel. Cruzamos a la isla convencidos de que en poco tiempo llegaríamos al hostel, pero el mapa indicaba que había que atravesar bastante, y que estaba en la otra punta. Glup. Muchos kilómetros de noche después, llegamos a nuestro hostel. Lisa y Brian nos recibieron increíblemente, en el que creo que no sólo es el mejor hostel en el que he estado (por ambiente, buena onda y calidez) sino el que quiero tener en algún momento de mi vida. Comimos, nos pusimos a jugar al bowling y al tenis en la Wii con Brian, y le festejamos el cumple a Jorgito con un delicioso single malt.

A la mañana siguiente, con nosotros tristes por tener que dejar ese lugar tan bonito, Lisa salió corriendo en bata a alcanzarnos hasta el auto una postal de Portnalong, para que vierámos cómo era con sol, pues no habíamos podido disfrutarlo mucho.

El desayuno fue en Dunvegan, y a falta de Lonely Planet, recalamos en una pequeña panadería que nos mimó con otro desayuno-almuerzo a la escocesa para cargar pilas. Salimos de Dunvegan con la panza llena y el corazón contento para dar la vuelta a la isla. Recomendación
de Lisa y Brian: Kilt Rock. Hasta ahí llegamos, y resistiendo el viento que luchaba por tirarnos al suelo, disfrutamos la cascada, y las marcas en la piedra que le daban nombre. Juro que el viento era catastrófico. No tengo idea de cuánto puede pesar una Zafira, pero durante una de las ráfagas se movió de lado y, sinceramente, pensé que nos quedábamos sin vehículo.

Paramos luego en Portree para proveernos de vituallas, y emprendimos el regreso. Tomamos una ruta diferente para seguir sorprendiéndonos con los paisajes escoceses, y al dejar el autito y caer en la cuenta de las casi mil millas (1600 kilómetros aprox.) que habíamos recorrido, nos dieron ganas de seguir. Quedará para otra oportunidad.


Solcito en el medio del camino


La costa de Ullapool


Jorgito dándose cuenta de que el agua estaba muy fría...


A punto de volar en Kilt Rock

martes, 11 de marzo de 2008

Desde Edimburgo...

Ahora que ya me volví, les voy a contar algunas cositas sobre este lugar tan bonito en el que pasé poco más de dos meses y del que no me quería ir... snif...

Adem
ás de estar lleno de escoceses, tartans y whisky, es un lugar particularmente mágico, tanto, que hasta hace olvidar el clima con sobredosis de viento y agua. Ese exceso de agua, justamente, por el que todos puteamos un poco pero que, después de todo, es el responsable de los maravillosos verdes que podemos ver por toda Escocia.

Estos dos meses y medio estuve viviendo en el campus de la Heriot Watt, no tan cerca del centro de Edimburgo pero sí muy cómodo para todo lo que tuviera que ver con cuestiones académicas. En cuanto a lo que sí aproveché, he de mencionar el sports centre (aunque no fuera seguido, jejejeje). El campus, precioso, lleno de verde y con muchos espacios abiertos, aunque lamentablemente no me hiciera tiempo más seguido para recorrerlo. Hay un lago muy bonito lleno de patos y cisnes (que tienen localizadores en las patas, por si acaso a algún estudiante rata se le ocurre cazar uno para engullirlo) y por tierra firme bastantes conejos y liebres (sin localizadores a la vista, pero bueno, corren más rápido que los estudiantes más entrenados).

La ciudad es divina, llena de edificios misteriosos que cuentan historias y con paisajes atrapantes, urbanos y no tanto. Ahora que pienso, no tomé tantas fotos como hubiera querido, seguramente porque estando allí siempre pensaba en la siguiente oportunidad para recorrer.

En estos momentos no estoy muy inspirada como para escribir, así que les dejo algunas fotos que expresan mejor la magia de Edimburgo.

Campus nevado, al segundo día de llegar



Tumba en uno de los cementerios de Edimburgo, con la calavera indicando que quien ahí yacía había muerto por la peste



Vista de la ciudad desde Arthur's Seat



Un oasis en el medio del bosque, en el campus



Extrañas formaciones anti viento, para sentarse a descansar



E incluso, un banco para monos (Hernán, no me podés negar que es todo un hallazgo)

viernes, 22 de febrero de 2008

London Calling

Superando duramente la fiaca imperante (debido al clima, quiero suponer) me he decidido, como cada tanto, a actualizar una vez más el belog. Aunque lo de actualizar sea casi tan irónico como el decirnos esta mañana 'buenos días' cuando lo que nos despertó fue la alarma de incendios... pero bueno, es lo que hay.

En lo que viene a continuación de mi itinerario
vacacionero, estuve poco más de una semana en Londres, año nuevo incluido. Tenía ganas de conocer esta ciudad desde que tengo memoria, y sinceramente he de decir que no me decepcionó en lo más mínimo. Es la ciudad más impresionante que conozco, y definitivamente una de aquellas en las que viviría.

Paso a contarles, sucintamente, qué anduvimos haciendo por allí con Pablo Nuclear.

El vuelo des
de París duró bastante menos de lo esperado, circunstancia que fue ampliamente compensada por el tiempo de espera para hacer migraciones. Micrito de por medio, nos trasladamos desde Luton hacia Victoria Station, muy cerca de donde estaba el hostel donde nos hospedaríamos. Exactamente estábamos en el barrio de Pimlico, un lugar de lo más chachi, con una tasa de cuatro Porsche por cuadra, aprox. El hostel, diez puntos, gente macanuda por todas partes y súper cómodo.

Hice todas (o casi) las vistas típicas: Buckingham Palace, Houses of Parliament, Tower of London, Big Ben, Hyde Park (persiguiendo ardillas que se negaban sistemáticamente a ser fotografiadas por mí), Trafalgar Square, Science Museum, London Eye, British Museum, National Galler
y, Tower Bridge, Camden Town, y muchos etcéteras... Entre ellos, pasar Nochevieja en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, con un espectáculo de fuegos artificiales sencillamente impresionante y una multitud en las calles que, con alcohol y todo, sólo se dedicaba a disfrutar de esa noche mágica (no, no voy a cantar la canción del mundial '90, me hace mal...).

Contarles qué es lo más lindo de Londres es o muy complicado, o muy sencillo. Lo más lindo de Londres es Londres, así de grande, variada, acogedora, magnética, cortés, inglesa, con todos esos íconos inconfundibles, los double-decker (por suerte quedan algunos de los originales dando vueltas), el tube y su 'mind the gap', los perros educadísimos, los bobbies (aunque algunos ahora usen armas), el please y el thank you omnipresentes...

Me traje muchísimos buenos recuerdos, y muchísimas curiosidades, a ser satisfechas prontamente con nuevas idas a esta ciudad, tan ciudad, que no podía dejar de atra
parme.

Y a lo mío (o más o menos): las potos para que vean...


Buckingham de fondo, frío interesante, y, ¡vean mi nariz! ¡Sol en Londres!


Una ardilla en Hyde Park que dejó que la atrapara fotográficamente


El Big Ben y Houses of Parliament de noche, y desde el London Eye


Regalo para papá: despiece completo de un Spitfire, en el Science Museum